No es aplicable la mediación familiar en violencia de género


 
Opinionez Lunes, 21 Marzo, 2016 12:00 PM

Conzultoría Matrimonial y Familiar

 

 

 

Aun cuando la Mediación se ha propagado como la panacea para resolver todo tipo de conflictos, la verdad de que las cosas no se han dado como debería de ser, desde la formación de los mediadores hasta la práctica de su desarrollo.

Si bien es cierto que tanto el Poder Judicial como el Ejecutivo, a través de la Procuraduría General de Justicia del Estado han desplegado recursos humanos y materiales, y sobre todo la Procuraduría en cuanto a realizar campañas sobre todo a escuelas y sectores sociales para demostrar sus beneficios, todavía estamos lejos de que se logren los mismos.

A raíz de que se creó la Ley de Justicia Alternativa en 1997 en el Estado, de inmediato las universidades vieron un filón de ingresos creando principalmente diplomados de Mediación desde universidades “patito” hasta otras que no cumplen con los requisitos de capacitación realmente especializados en la materia. La UABC fue la primera universidad que creó un diplomado a petición expresa del Poder Judicial del Estado, aun cuando la Universidad Iberoamericana ya había ofrecido Talleres de Mediación con especialistas de los EEUU, ambas donde los capacitadores fueron realmente profesionistas capacitados por la experiencia que habían ido logrando desde que la Mediación se empezó a gestar tanto en México como en EEUU. Aun cuando se han ofrecido maestrías en Mediación éstas no cumplen con los requisitos de la especialización ni exigen la preparación previa en Mediación por medio de diplomados o talleres.

Es necesario promover la homologación de la formación para los futuros mediadores y establecer los mínimos de calidad para evitar que se desvirtúe o se distorsione la Mediación y los principios que la rigen. Necesidad de unificar criterios e indicadores para homologar la formación en Mediación, ya que en la primera fase ya se anticipaba que los requisitos para la formación según la legislación son muy dispares. Se requiere reformar la Ley para exigir que las universidades se apeguen a programas de formación realmente homologados, un trabajo más exhaustivo acerca de los conocimientos y habilidades que capaciten a una persona para ser mediadora.

La profesión de mediación no solo requiere de una buena formación, también de unas características individuales específicas para su buen desempeño. Nos referimos a cuestiones como la capacidad empática, predisposición para una escucha activa, actitudes tolerantes e integradoras, pensamiento flexible y no dogmático, capacidad para expresar sentimientos, sensibilidad, etc.

Y por lo tanto, incompatibilidad absoluta para desarrollar la mediación en los casos donde exista violencia y con especial atención a las situaciones de violencia de género. Esto es uno de los aspectos que me parece más esencial puesto que desde algunos sectores se promueve la mediación en estas situaciones de violencia, entre agresor y víctima. En una situación de violencia o maltrato siempre hay una persona que somete a otra y el desequilibrio se hace evidente. La persona mediadora no puede permitir que una de las partes se vea intimidada o coaccionada. Es una cuestión básica que se explica con uno de los principios de la mediación.

Para abrir un proceso de mediación la persona mediadora debe asegurarse de que hay un equilibrio de poder entre las partes en conflicto para que cada una pueda expresarse libremente y llegar a acuerdos propios y duraderos. Porque en el caso de no darse este equilibrio de poder, el respeto estará perdido, y sin respeto no se puede hacer mediación. Por eso considero en lo particular y fundamental la formación de las personas profesionales de la mediación en violencia y en particular en violencia de género. La violencia contra la mujer es muy específica y está tan arraigada en nuestra sociedad machista que si no es con formación, la persona mediadora puede pasar por alto señales evidentes del desequilibrio y no tomar las medidas oportunas para proteger a una víctima, inclusive denunciarlo. Y porque además, si no se detecta la situación de violencia, se es de alguna manera cómplice para mantener esa situación dejando a un lado la responsabilidad social para la erradicación de este problema.

Gracias como siempre a mis dos que tres lectores por sus comentarios y consultas al e-mail: [email protected]

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