Las fugas

Foto: Archivo
 
Dobleplana Lunes, 28 Marzo, 2016 12:00 PM

Estaba prisionero. Arrastraba culpas por secuestro y narcotráfico. Debía estar en una penitenciaría de alta seguridad. Pero quién sabe por qué lo dejaron en “La Mesa” de Tijuana. Cárcel improvisada y antigua. Cincuenta y tantos años. Muy parchada. Poco pertrechada. Este reo no perdió el tiempo. Fue más allá de simple amistad con un funcionario homosexual. Por eso tal empleado no se negó a otra petición. Llevarlo en deshoras y muy de mañana a la enfermería. Allí cuatro mafiosos camaradas lo esperaban. Cada uno se las arregló para ser trasladados al puesto de socorro a la misma hora. Uno de ellos traía pistola escondida. Otro sacó de entre las ropas un radio. Se comunicó con alguien al exterior del penal. En ese momento hubo algo inexplicable: Fue retirada la acostumbrada vigilancia de la Policía Estatal Preventiva. Siempre estaba en la banqueta carcelera. Al mismo tiempo un encapuchado disparó desde la calle a la torre de vigilancia. Fue como señal. Aparecieron varios jóvenes en tres camionetas tipo van. Todas iguales y blancas. Igual a las batas con que aparecieron los tripulantes. Parecían más doctores que delincuentes. Estacionaron frente a la puerta trasera de la cárcel. En ese instante y adentro, salieron los cinco reos de la enfermería. Llegaron al portón. Uno abrió con llave y salieron corriendo. Subieron a los vehículos. Arrancaron veloces disparando. También desapareció el encapuchado. No los pudieron perseguir. Desaparecieron. Dejaron a un custodio herido. Por poco muere.

Todo funcionó al centavo. No hacía falta preguntar. Fue bien planeada la escapatoria. Sucedió en abril 13. Seis meses después nadie sabe: 1.- Quién metió pistola al penal. 2.- Qué custodio prestó la llave del portón para copiarla. 3.- Por qué estaban allí cinco narcos y secuestradores. Peligrosos. Todos del Cártel Arellano Félix. 4.- Quién decidió no enviarlos a “La Palma”. 4.- Por qué se retiró la vigilancia exterior y no hubo persecución. En aquel tiempo mi hipótesis no ha sido desmentida: Fue obra de “Los Zetas”. Desde entonces creí. Actuaron por órdenes de Osiel Cárdenas apoyando a los Arellano Félix.

Antes se fugaron siete de la misma prisión. Muy peligrosos también. En esa ocasión al mismo tiempo y en diferente lugar “desarmaron” a custodios. Salieron sin problemas por la puerta principal. Ya tenían todo arreglado. Afuera autos esperándolos. Jamás se supo de ellos. Tan bien organizados como cuando la escapatoria en Apatzingán, Michoacán. Allí también llegaron “Los Zetas”. Uniformados. Se hicieron pasar por altos jefes. Sorprendieron a directivos del penal. Para entrar pretextaron revisión especial. Tranquilamente liberaron a 43 personas. En Tamaulipas lo han hecho varias veces en los últimos años. La última no les costó trabajo. Sacaron a Samuel Félix Medina del Centro Tutelar. Sobrino de los Arellano.

El domingo hubo otra fuga en el penal Neza-Bordo. Calcomanía de los anteriores. Los escapados salieron armados. Demasiado. También los esperaban en la puerta. Igual: Traían radio para comunicarse al exterior. No tuvieron falla. Lo malo fue cuando hirieron a custodios, presos y familiares esperando turno para visita. En todas esas fugas sucedió lo mismo: Falló la vigilancia. Corrupción de funcionarios carcelarios. Por eso metida de pata a propósito. Mucha organización en las escapatorias. Más capacitados y mejor armados que los custodios. Ningún detenido por armar y ejecutar esas fugas.

Recién leí declaraciones del Maestro Carlos Tornero: Experto en cuestiones carcelarias. “La Palma es una bomba de tiempo”. Me preocupa. Antes previno una fuga el subprocurador federal, José Luis Santiago Vasconcelos. Muchos no le creyeron. Hablé telefónicamente con el abogado defensor de varios recluidos allí. “Están locos. Eso es imposible”. Pero ahora brota el temor. Hace días el reo Lucio Donjuán Gobea mató allí a narco afamado: Miguel Ángel Beltrán Lugo. “Ceja Güera” le decían. 12 prisioneros vieron el asesinato. Dicen que fue por revancha mafiosa. Pero más importante: Nadie aclara con hechos cómo metieron una pistola al penal de más alta seguridad en el país. “Por la puerta” dijo con lógica el maestro Tornero. Y allí solamente pasan familiares o abogados a visita. Custodios para trabajar. La lógica me indica: Cualquier narco prisionero no arriesgaría a familiares. Los abogados no aceptarían. Perderían carrera, prestigio, dinero y libertad. Por eso y para mí no hay de otra. Fue algún o varios empleados del penal. Se tapan entre sí. No lo dudo.

Fíjese. Un día fui a la prisión de Almoloya. Todavía no le llamaban “La Palma”. Ya tenían reporte superior sobre mi visita. Sabían a qué iba. De todos modos me pusieron una bola de trabas para entrar. Llegando a la caseta todos abajo del vehículo. Inspección más terca que minuciosa. No como ahora en los aeropuertos norteamericanos después de septiembre 11. En la recepción clásica identificación. Dos documentos oficiales. Firma de por medio. Sello en la mano. A desembolsar todo y dejárselos mientras la visita. “A ver sus lentes”. Los revisaron al derecho y revés. Pluma, libreta y grabadora “…se la damos allá adentro”. También la cámara de mi compañero fotógrafo. Luego entré al vestidor. A quitarme toda la ropa. Revisión a las prendas. Volví a vestirme. Reencontré a mi compañero fotógrafo. Traía pelo largo. “Colita de caballo”. Le obligaron a desbaratarla. Esculcaron. Camino al locutorio fuimos acompañados por tres custodios armados y dos funcionarios. Pasamos rejas, contra-rejas y recovecos. Videocámaras por todos lados. Libreta, pluma, grabadora y cámara volvieron a nuestras manos. Realizamos la entrevista. Seis vigilantes armados atestiguaron. Ni parpadearon. Así se la pasaron 45 minutos. Terminamos. Otra vez nos recogieron nuestra herramienta de trabajo. Regreso al laberinto. Revisión con rayos especiales al sello en la mano. Nuevamente repreguntas. Dejamos la prisión. A caminar regular tramo hasta el estacionamiento. Sentí las miradas de custodios. Todos apuntándome. Otros, revisión al llegar con el vehículo a la caseta. Así me tocó. Por eso sigo creyendo. El arma a “La Palma” la metieron custodios. Pero lo más grave y por todo lo visto. Ahora la fuga en la prisión almoloyense es posible. Ya no imposible.

 

Escrito tomado de la colección “Dobleplana” de Jesús Blancornelas, publicado el 5 de marzo de 2010.

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