¿Cuba libre? Parte I

Foto: Internet/Profeta involuntario
 
Opinionez Lunes, 28 Marzo, 2016 12:00 PM

“Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos se restablecerán cuando los norteamericanos elijan a un presidente negro”. La frase, atribuida a Fidel Castro, intentaba caricaturizar una situación imposible de suceder por surrealista, pero a la vuelta de los años, Fidel se constituyó en un profeta involuntario, pues como si de la trama de una novela del realismo mágico latinoamericano se tratara, el país que apenas en los sesentas integró con plenitud de derechos y obligaciones a los afroamericanos, eligió, antes de que terminara la primera década del siguiente siglo a un presidente negro, y éste, restableció relaciones diplomáticas con el régimen comunista de La Habana.

Mi padre, como muchos hombres de su generación ha sido de siempre un admirador del régimen impuesto por Castro Rus, en la casa familiar siempre escuché elogios a los “logros” de la Revolución que lo llevó al poder, por eso no me explico a santos de qué, cuando yo tenía unos 8 años y hacíamos espera en la embajada cubana para concretar las visas que permitirían mi primer viaje a la tierra de Martí, pregunté en voz muy alta al ver una gran imagen de Fidel que adornaba la sala de espera, si ése era el dictador, en algún lado que no fue mi casa habré escuchado ese calificativo para el revolucionario de barba y elocuencia prodigiosa. El caso es que esa visita cambió por muchos años esa opinión que de niño me empujó a hacer tal cuestionamiento, y regresé cantando canciones como aquella de “Cuba, qué linda es Cuba, quien la defiende la quiere más… Un Fidel que vibra en las montañas, un rubí cinco franjas y una estrella” y en la secundaria declamado canciones de la nueva trova. Había conocido pues, una versión romántica y alegre del progreso. Fue hasta entrado en mis estudios universitarios que cambié de opinión, o más bien, regresé a la que tenía en mi infancia.

¿Cómo es que un país minúsculo de América latina adquirió una relevancia universal? Cuba emergió a la vida independiente tardíamente, y cuando lo hizo osciló entre dictaduras y una República que se inspiraba para construir su soberanía en las estéticas arengas de un poeta.

Cuando Castro hizo su primer intento por asumir el poder tenía apenas 26 años, provenía de una familia perteneciente a la elite isleña, recién casado y habiendo regresado de una larga luna de miel por Nueva York.

Su intento se frustró por ingenuo pero anticipaba al mundo la ambición y audacia de quien se convertiría años después en uno de los hombres más influyentes en el mundo que emergió de la Segunda Guerra Mundial.

Apresado por su imprudente intento de tomar el cuartel Moncada, fue liberado gracias a las relaciones e influencias sociales que su familia tenía en el gobierno del dictador Batista, pero antes nos dejó como testimonio de sus alcances intelectuales, el discurso que a manera de autodefensa pronunció en la corte que lo juzgaba; en él, se lee a un Fidel demócrata que demandaba castigo a sus jugadores a quienes acusaba de haber usurpado el poder de la República y sentenciaba que no tenían autoridad ni moral ni legal para encarcelarlo por defender la República mancillada, rechazando cualquier posibilidad de implorar clemencia, sino, más bien, ateniendo solo, a la historia que algún día lo juzgaría. Expulsado hacia México por un reyesuelo indisciplinado, descuidado y frívolo, fraguó en tierras aztecas su segundo y último segundo intento, y antes de cumplir los 33 años, acompañado de un puñado de románticos valientes, había derrocado ya al régimen asesino que convirtió a su país un burdel de los Estados Unidos.

El mundo se había transformado como resultado la guerra fría que lo dividió, lo que le daría una oportunidad de oro para colocar a aquel pedacito de Latinoamérica en el escenario internacional, como jamás lo había estado, pero esa historia fascinante que marcó a una generación de jóvenes la contaré en la segunda entrega.

Jesús Alejandro Ruiz Uribe fue dirigente del PRD en Baja California, ex diputado local por el mismo partido y actualmente es Rector del Centro Universitario de Tijuana en Sonora. Correo: chuchoruizuribe@gmail.com

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