La incertidumbre nuestra de cada día


 
Destacados Miércoles, 27 Enero, 2016 02:06 PM

Por estos días, el Gobierno Federal necia y soberbiamente intenta mantener la imagen a partir de una recaptura. Sin embargo la situación en México no está para vivir de un acto que, en nada, contribuye a mejorar las condiciones en las que se desarrolla la vida de los mexicanos. No incide en la reducción de los niveles de inseguridad, acaso los aviva. Tampoco repercute en la economía nacional que, de tan débil, se cae ante la turbulencia internacional, y menos se traduce en la apertura de oportunidades de desarrollo para el mexicano común y corriente.

Enrique Peña Nieto, se nota, sostiene con alfileres la imagen pública que él mismo encadenó a su proyecto de nación. Se agarra de mínimos logros que, es evidente, no repercuten en la vida nacional.

El primer año vivió del “éxito” de la aprobación -planchadísima y negociadísima en el Pacto por México donde los partidos fueron corresponsables-, de sus Reformas Estructurales. Anticipó que no veríamos los resultados de manera inmediata, y en efecto, a tres años seguimos sin ya no digamos observarlos, no se siente ni en las calles ni en los bolsillos, ni en el crecimiento.

El segundo año de Gobierno de Peña no tuvo ni salvación ni justificación para un rescate mediático de la figura presidencial, al ser el año de la violencia cruenta, encarnada en dos hechos de alto impacto para los mexicanos y la comunidad internacional: el ajusticiamiento en Tlatlaya y la desaparición de los 43 de Ayotzinapa. Los bonos por la recaptura de Joaquín Guzmán Loera -la de 2014- poco le duraron al Presidente al desatarse –o confirmarse- en nuestro país la violencia del Estado contra la sociedad, y evidenciarse los niveles de corrupción –aun no aceptada por el Estado, de hecho exonerada- en el círculo cercano del Presidente, con el ejemplo que significó el reportaje sobre la adquisición de la “casa blanca” del equipo de investigaciones de Carmen Aristegui, sobre la propiedad adquirida por la primera dama a una filial de Grupo Higa, una de las compañías desarrolladoras, que cuenta con la predilección de Peña.

En el tercer año de Peña no llegó ni a la estabilidad social, ni a la seguridad en las calles, ni al desarrollo financiero. La canasta básica registró incrementos de hasta un 40 por ciento frente a paupérrimo aumento del salario mínimo por debajo del 2 por ciento. La Reforma Fiscal empezó a pegar a las economías regionales, particularmente en el norte de México, el terrorismo fiscal se desató. Las reformas no despegaron y las inquietudes de los mexicanos se tradujeron en manifestaciones ante la falta de justicia, el predominio de la impunidad, la ausencia de transparencia y la rampante corrupción.

2016 no ha iniciado bien para el Gobierno Federal. De festinar otra recaptura de Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, han debido pasar a justificar la inestabilidad económica que por estos días afecta a los mexicanos todos en fronteras, centro y sur. La descarada reetiquetación, las declaraciones muy cercanas al cinismo del Secretario de Hacienda y los conceptos alarmantes expresados por el Gobernador del Banco de México, Agustín Carstens. En estos pocos días de enero, en la inseguridad que vive el país, la violencia ha incrementado a niveles de horror. Narcofosas, ciudadanos secuestrados, extorsionados, asesinados por todos lados, en una calle, en una casa, en un palenque, en una fiesta y en un funeral. 65 mil 209 ejecutados en los primeros tres años de Gobierno de Enrique Peña Nieto, dan cuenta del nivel de violencia y la ausencia de justicia.

Después de la violencia lo que más afectado a los mexicanos este naciente año, es la situación económica. De repente, por factores ajenos a la realidad nacional, justifican desde el gobierno, han visto sus salarios reducidos, los precios aumentados con descaro, los incrementos en los servicios y los productos, ante la inestabilidad del peso mexicano frente al dólar. Y por más que el de Hacienda justifique cómo la depreciación del peso, por otro lado, favorable a la economía nacional al fomentar la inversión en la maquila –la mano de obra barata- y en el turismo –la disminución de los precios en relación a los costos en dólares- el Gobierno de los Estados Unidos emitió una alerta para que los ciudadanos de aquel país se abstengan de visitar el nuestro ante la inseguridad y violencia, incluyendo ciudades turísticas en centro y pacífico. Y una Fiscalía española anticorrupción apresaba a un ex Presidente del PRI, Humberto Moreira.

La incertidumbre en México se ha convertido en la cosa nuestra de cada día. Incertidumbre laboral ante un descenso en la oferta de empleos que registró el INEGI, incertidumbre de la vida ante la violencia entre cárteles. Incertidumbre económica ante la inestabilidad del peso. Incertidumbre judicial y de procuración de justicia. Incertidumbre social al ver limitado el poder adquisitivo, incertidumbre por todos lados.

Del peso, mientras Carstens reconoce que la situación es de alarma ante “los momentos complicados que vivimos”, ciertamente debido a las “aguas picadas” en el ámbito internacional con la devaluación china, la baja en el precio de petróleo y la situación de la economía de los Estados Unidos, Videgaray asegura que una vez que el momento difícil internacional transcurra, el peso recuperará su valor real, sabrá Dios cual sea a estas alturas.

Considerando los tres años de Peña, el 1 de diciembre de 2012, el día en que tomó posesión del cargo de Presidente de la República, el dólar tenía un valor en México de 12.96 pesos de acuerdo a los datos de el Banco de México. El miércoles 21 de enero de 2016, la paridad llegó a su máximo histórico al venderse el billete verde por 19.05 pesos. Esto significa que la “depreciación del peso” –devaluación ya no es un término conveniente para el Gobierno de la República y por lo tanto está en desuso- en el gobierno priísta es de 46.97 por ciento frente al dólar norteamericano.

Lo anterior, aun en una media verdad, ha sido aceptado por el Secretario de Hacienda, Luis Videgaray Caso, al referir públicamente que “el peso está subvaluado”, pero no ofrece un solo dato preciso.

Vamos por años.

El 2 de enero de 2013 el dólar amaneció a 12.96 pesos y para el 31 de diciembre ya estaba en 13.06, el peso decreció 0.76.

El 2 de enero de 2014 el dólar se vendió por 13.08 pesos y al 31 de diciembre de ese mismo año, en 14.73, lo cual significa que se depreció el 12.61 por ciento.

En el 1 de enero de 2015, los mexicanos pudieron comprar dólares a 14.74 pesos por uno, mientras para el 31 de diciembre lo adquirían en 17.93, registrando una deprecación de 17.62.

Hoy día, el 4 de enero de 2016 (el primer día hábil de este año) el dólar amaneció a 17.24 pesos, y al 26 de enero se cotizó en 18.53, registrando una depreciación de 7.45 en 22 dos días.

¿Cuál sería el valor real del peso mexicano frente al dólar al que hace referencia Videgaray, y que dice, llegara de nueva cuenta? Lo lógico serían los 14.74 pesos por dólar en que se cotizó el dólar el 1 de enero de 2015, antes precisamente que arrancara la turbulencia financiera internacional. Sin embargo el Gobierno de la República no aclara las declaraciones del Secretario de Hacienda, ni ofrece un discurso desde Palacio Nacional como lo hizo con las “Reformas Estructurales” o con la recaptura de “El Chapo”, para dar a los mexicanos, en estos momentos, la certidumbre que se requiere para seguir adelante, aun con una falsa esperanza.

No, lo nuestro, lo de hoy, en el arranque del cuarto año de Gobierno de Peña es la incertidumbre, el dolor y la indignación nuestra de cada día.

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