El predio Los Encinos


 
Lunes, 11 Enero, 2016 08:00 PM

Los Encinos, era parte del predio conocido con ese mismo nombre, constaba aproximadamente de treinta y dos hectáreas, estaba cubierto de vegetación distribuida por el terreno, oscurecido por la gran cantidad de arbustos y árboles entre los que se contaban olivos, sauces, pinos, alisos, predominando los encinos; el agua del río, la de los manantiales que lo atravesaban y la que brotaba de un manantial que se encontraba en una de sus orillas, mantenían siempre verde la exuberante vegetación del terreno. El terreno era destinado para eventos públicos y privados, para recreación de las familias en especial para los niños que era el lugar para sus juegos.   Había una zona de morteros, vestigios que quedaron de la celebración de los ritos ceremoniales que practicaron en tiempos remotos los indígenas kumiais durante su asentamiento en ese lugar. A espaldas de la ciudadanía y en lo oscurito tenían el proyecto de fraccionar el predio Los Encinos, para realizar un fraccionamiento privado, el proyecto y contrato que de acuerdo con planes en poder de Obras Públicas, sería de primera, obviamente para las familias de alta capacidad económica; además de ser su pulmón, serviría de parque recreativo, para lo cual se comprarían 2.6 hectáreas de los propietarios del predio, que dada su “magnanimidad” donarían al municipio otras 2.9 hectáreas. Los propietarios, cuyos nombres se ignoraban, se constituyeron para tal fin en “Inmobiliaria Las Praderas”. Mediante artimañas legales el predio Los Encinos, siempre abierto a la comunidad, predio  considerado como patrimonio de la ciudad, se convertiría en una “propiedad privada”, con  el fin de que el predio se conservara como legado de la naturaleza, reservarlo y reforestarlo para destinarlo como pulmón de la ciudad, pero como el dinero manda, en vez de sembrar árboles, sembraron cemento para la construcción de un centro comercial, motivo por el cual, por parte de la ciudadanía  se realizó un gran movimiento popular de protesta  que se denominó  “Comité Pro-rescate de Los Encinos”. De acuerdo a los rumores que de boca en boca se iban esparciendo, Productores de Lúpulo, perteneciente a la Cervecería, vendió a Inmobiliaria Las Praderas, cuyo propietario era el ex gobernador del estado, Roberto de Lamadrid Romandía, el cual, coludido con la Cervecería, a cambio de la condonación de impuestos, había adquirido el predio, que una maquinaria del Ayuntamiento estaba destrozando el área arboleada por encinos, alisos entre otra vegetación, y la zona arqueológica. Como acto de desagravio, citaron para reforestar ese lugar, un número considerable de jóvenes, personas adultas, provistas de palas, picos y bolsas para la basura, primero limpiaron, posteriormente reforestaron, al siguiente día, de nuevo la maquinaria del ayuntamiento destruyó lo reforestado, la voz de una de las autoridades municipales alertó: ¿Cómo siendo ustedes ciudadanos comunes se atreven a introducirse a una propiedad privada? ¿Acaso ignoran  que es delito?, delito para ellos a pesar de que hubo algo turbio en las operaciones, que lo ilegal se puede convertir en legal, no por arte de magia sino por el oscurantismo que envuelve a la política y a los políticos en operaciones que realizan funcionarios coludidos con la clase empresarial, tal como lo siguen haciendo porque lo que importa no es conservar la naturaleza sino ganar y ganar dinero. En este Tecate bonito, la ciudad más fría de Baja California, las temperaturas han llegado hasta menos de cero grados por las madrugadas, en este día a las siete de la mañana, la temperatura se encontraba en dos grados; temperaturas gélidas que nos hacen sentir la necesidad de, compartirlo con alimentos y ropa abrigada, con aquellos que carecen de abrigo y sustento. Se termina un año más. Inicia el nuevo en el que deseamos paz y menos desigualdad social que se vive y sobrelleva. Concepción Vizcarra de Arámburo es luchadora social y reside en Tecate, B.C. Correo: [email protected]

Comentarios

comentarios

Notas relacionadas

Tipo de Cambio