De Tijuana a Matamoros. ¿Cuál es el futuro de nuestras ciudades fronterizas?


 
Lunes, 7 Diciembre, 2015 08:00 PM

Albergan grandes males y enormes potencialidades, recorriendo sus calles y avenidas, la percibo con preocupación por sus crecientes e incontrolables problemas sin que las tres jerarquías de autoridades puedan atacar de raíz el conjunto de males. Primero un crecimiento geométrico del mercado informal de sobrevivencia que no permite transitar ni caminar y que demuestra la incapacidad  en tres décadas de las políticas neoliberales de crear empleos, de desarrollo sustentable y absorber trabajadores calificados, productivos, eficientes y con las prestaciones y derechos que con el tiempo merecen. El capitalismo se derrumba en su creación de comunidad  civilizada. Segundo. El flujo de autos que cada vez convierte las vías urbanas en un nudo imposible, un mega estacionamiento, que avanza a paso de tortuga. Las grandes transnacionales de los vehículos han hecho mucha presión para que el transporte colectivo no avance y si avanza es porque se  convertirá en privado para controlar las jugosas ganancias. Es necesario dejar registrado el grave déficit del transporte moderno acorde a una metrópoli, ante la ingente demanda de movilidad, 10 o 12 pesos por viaje a pesar de  la red geográfica tan extensa es la tarifa más cara del país y aun así, no permite agregar mejoras en el servicio de manera frecuente ante una avalancha de habitantes que en horas pico se convierten en una pesadilla, y medra salarios miserables. Tercero. La explosión demográfica y la migración es ingobernable, demasiada concentración de población, por motivaciones económicas, en las fronteras aún existen fuentes de empleo, oportunidades, centros educativos, un gobierno de derecha (PRI azulado) con políticas sociales tibias que contrastan con las de otros estados gobernados por la centroizquierda, y medidas a favor del capital social y humano como el D. F. Pero valga la comparación, con el crecimiento poblacional, si una persona aumenta de peso de manera constante y sin conocer restricciones, se colapsa, se muere y eso puede sucederle a una ciudad que pareciera que no tiene  límites, y los recursos hídricos, vivienda, transporte, salud, educación, etc. son finitos, muy limitados para olvidarse y no atender las periferias, algunas de ellas abandonadas como el campo, donde el fracaso de las políticas agropecuarias es más que evidente. Cuarta. Esta regla tiene una excepción por los privilegios y ventajas para las transnacionales exportadoras, las que quieren salirse con la suya en el cultivo de transgénicos, que  explotan el trabajo de miles de integrantes indígenas, menores de edad e infantes más que vulnerables que no deberían estar en los surcos, ni en actividades que los  distraigan de la escuela. Cito a San Quintín. Quinto. En el campo de la educación  y cultura, la oferta de Tijuana es magra, en el menor de los casos de elite exclusiva de clases medias que pueden pagar cuotas inaccesibles para un trabajador. La cultura popular, la que hace por el pensamiento libre, original, reflexivo, critico, plural y creativo brilla como el gran bien ausente de las opciones para las grandes mayorías sometidas. Viendo las masas, viendo el beneficio de la población. Los pocos centros de cultura, diversión sana, alternativas  recreativas para la familia, se reducen y son insuficientes, o lejanos a la realidad de asalariados. Por ello a mucha de la comunidad empobrecida en cultura la arrojan a los brazos de la televisión comercial, dedicada a fabricar fortunas y alienados, un ejercicio de la comunicación vertical, unilateral, oscura, pornográfica, que corrompe, ajena a sus necesidades, que bloquea la salud mental y el sentido ciudadano ético de la vida personal y social, sin sentido del humor, ni construcción de imaginación o sensibilidad. Así en el despeñadero de la cultura creativa, humanista,  encuentran en las telenovelas o los talk shows, para embrutecer. Sexto. Tijuana y Matamoros, sin áreas verdes, sin espacios para hacer bosques, parques, sin agua reciclada, con tierra muerta en-cementada o pavimentada, árida, llenos de vándalos de arriba y abajo. Qué podemos esperar sin agua, de ciudades terregosas, sin conciencia del medio ambiente  natural, con la codicia de centros comerciales que no terminan en cualquier rincón urbano. Una ciudad sin apremio por el bosque, el árbol, la vegetación, la limpieza del aire, de la tierra y el agua, estamos en proceso de extinción. Necesitamos sembrar esperanza y el verde tupido que atrae la lluvia, el oxígeno y la vida, sin esos elementos no aprenderemos lo que la tierra nos enseña, a cuidarla porque somos extensión y parte de ella. M.C. Héctor Ramón González Cuéllar es Académico del Instituto Tecnológico de Tijuana. Correo electrónico: [email protected]

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