Sicario


 
Lunes, 12 Octubre, 2015 07:00 PM

Pocas veces se logra ver una película poniéndose los zapatos de uno de los personajes. Eso es lo primero que llama la atención de “Sicario”, un filme fuerte que atrapa y horroriza a la vez desde que vemos a la agente del FBI Kate Macer (Emily Blunt) reventar la casa de un tal Manuel Díaz, en Chandler, un suburbio de Phoenix, Arizona. La oficial dirige un grupo anti-secuestros en un país donde este delito es aislado y no está vinculado al crimen organizado. Lo que encuentra es decenas de cuerpos en avanzado estado de descomposición, ocultos tras el emplastado de un pasillo. Justo ahí es cuando se involucra en algo que ni ella ni nosotros entendemos, pero que queremos averiguar hasta sus últimas consecuencias. Durante dos horas repetimos el mismo ceño fruncido que caracteriza a Kate mientras acepta formar parte de un grupo interinstitucional que promete encontrar a los verdaderos responsables de la muerte de quienes suponemos, son víctimas de polleros y narcotraficantes. Kate se suma al equipo liderado por el cínico Matt Graver (Josh Brolin), con Alejandro (Benicio del Toro) como su mano derecha, un lobo estepario que tiembla cuando duerme, habla entre dientes, luce agotado siempre y cuando no se le atraviese el peligro ni la oportunidad de usar métodos nada ortodoxos para sacarle la sopa a los involucrados. Se supone que esto es la CIA, por ahí anda la DEA, pero a ciencia cierta Macer nunca entiende cuál es el objetivo ni por qué ella fue escogida para la misión. La respuesta es fácil, para cumplir protocolos necesitaban incluir al FBI. Punto. Creyendo que el trabajo de investigación será realizado en El Paso, el equipo termina en Ciudad Juárez, en un operativo que a todas luces se ve ilegal, en medio de las calles empobrecidas que gobiernan demasiados cartelitos mexicanos, lo cual ha complicado demasiado organizar el crimen. El propósito es trasladar a Guillermo Díaz, hermano de Manuel, desde el CERESO a El Paso para ahí poder interrogarlo en espera de obtener pistas que los lleven a Fausto Alarcón, lo cual no es nada fácil considerando que, según Graver, ni los Díaz ni Alarcón tienen antecedentes. Pero eso es lo de menos cuando a su paso lo que sobreviven es una balacera en la garita y el peligro de policías municipales y estatales infiltrados en ambos lados de la frontera. Kate sabe que Graver y Alejandro saben lo que hacen y eso no la reconforta, sobre todo a ella, quien fue formada para seguir el debido proceso y ahora se ha metido en un mundo donde lo de menos es el debido proceso. Como agente anti-secuestros del FBI su mirada es muy corta, tanto que eso permite que Alejandro pronuncie una de los mejores diálogos del largometraje: “Vete a vivir a un lugar chico, donde todavía exista el Estado de Derecho”. Sobriamente dirigida por Denis Villenueve (“Incendies”, “Prisoners”), la cinta  ofrece una historia contada a secas, estremecedora gracias a la astucia del guionista tejano Taylor Sheridan (“Sons of Anarchy”), la precisa fotografía de Roger Deakins, la edición puntual del experto Joe Walker, un reparto inolvidable -gracias, Benicio- y una banda sonora sutil pero indispensable a cargo de Johan Johansson. “Sicario” es una puerta al infierno que sin darnos cuenta, abrimos junto con Kate Macer. **** Punto final.- Ahora sí viene una película sobre Steve Jobs que vale la pena ver.

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