Provocación o rebelión en la iglesia


 
Lunes, 12 Octubre, 2015 07:00 PM

La imagen puede verse en youtube. El auditorio está repleto de sinaloenses militantes de Morena, sus rostros apuntan hacia una mesa pequeña que pretende ser un presídium, la expresión de las personas sentadas en ella, es de azoro, tensión y hasta miedo, mientras, a un costado, también frente al auditorio en un modesto pódium, se ve y escucha a Andrés Manuel López Obrador. Su expresión corporal, el tono de su mensaje, la parsimonia con la que les habla, me recuerda al cura del pueblo de mi padre, al que forzado por mi tía Cuca, quien cariñosamente abusaba de mi niñez, lo veía hablar desde el púlpito en plenas vacaciones de verano. Los está regañando en tono paternal, comedido, con un mensaje moralizador, evocando a los enemigos del bien, identificados por el mismo como la “mafia del poder”, que ha tentado cual Lucifer a las almas puras de Morena, pero el auditorio, aunque repleto de fieles, se divide, una parte no se arredra y más bien se ofende yreclama a gritos la injusticia que su líder moral está cometiendo con sus derechos, al imponerles a un candidato a gobernador, a quien ellos ubican como un legítimo miembro de esa mafia del poder. La escena es casi una réplica de lo que ya hemos visto en Oaxaca y Baja California. Aquí, me consta que no era la “mafia del poder” quien con personeros lo increpaba, sino inconformes, algunos ciertamente medio locochones, pero no mafiosos, sino honestos seguidores decepcionados de su líder o de las formas con las que gobierna Morena; allá no sé. Lo que sí me queda claro es que desgraciadamente ese camino, de surgimiento de grupos que descalifican no solo a todos los que participan en política fuera de Morena, sino a sus compañeros que no forman parte del grupo de “puros” “auténticos” “legítimos” o “iluminados” ya vi cómo lo recorrió el PRD de los inicios, sin embargo, en el sol azteca, Cuauhtémoc contaba con una fuerza moral a prueba de todo, lo que le permitía ser el gran solucionador de las disputas, esa circunstancia duró muchos años, hasta el 2000 más o menos, año en que la autoridad moral del patriarca comenzó a ceder terreno a favor del pragmatismo de los militantes liderados por las corrientes, que veían a Andrés Manuel como el hombre que por fin los llevaría a participar del poder de la República. Esta circunstancia permitió que AMLO arrollara majaderamente al ingeniero, cuestión que lamentaría, cuando le faltaron 250000 votos para ganar la presidencia. Ya sin árbitro entre los aztecas, fue la vía de empoderamiento de Nueva Izquierda y de las otras corrientes, que se convertirían a partir de entonces en la burocracia maldita que tiene al PRD en la ruina moral y ética. A AMLO demasiado pronto se le está haciendo bolas el engrudo, creo yo que debido a su talante autoritario que no toma en cuenta nada que no tenga que ver con rendimientos electorales. Y así termina empoderando caciques o candidateando a demonios, al tiempo de que agravia a sus radicales, a los que jocosamente llama “la conciencia”, pero conciencia, a la que pocas veces le hace caso. Un partido fundado y basado en el carisma de su líder, requiere que éste sea árbitro, no patrón ni líder espiritual, menos ambas cosas. Los Ayatolas no tienen cabida en la política partidista pues más pronto que tarde acusan contradicciones que entorpecen la búsqueda del poder. Jesús Alejandro Ruiz Uribe fue dirigente del PRD en Baja California, ex diputado local por el mismo partido y actualmente es Rector del Centro Universitario de Tijuana en Sonora. Correo: chuchoruizuribe@gmail.com  

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