Pesadilla en la nave de los pobres


 
Lunes, 26 Octubre, 2015 07:00 PM

Desperté aterrorizado por el sueño que tuve después de escuchar la triste historia urbana de cobardes y agachones que juegan con la dignidad humana de los tijuanenses. El transporte público de nuestra ciudad es una vergüenza, peor que animales en una troque de redilas, los usuarios del transporte viven una pesadilla para poder llegar a su trabajo o a su casa  y no se diga en pleno verano cuando las temperaturas alcanzan los 36 grados. A todo se acostumbra uno, hasta a la mala vida, pero este sueño aún me tiene en vilo y va más o menos así: El alcalde Jorge Astiazarán y su secretario de transporte público municipal, José Luis Hernández Silerio, con sus respectivas familias se dieron a la tarea de asistir a un compromiso político al sitio conocido por los tijuanenses como El Refugio. Ellos ya enfadados de la oficialidad decidieron usar el transporte público de Tijuana. En la calle Quinta y Constitución las dos familias se aventuran a tomar un nostálgico camión de la segunda guerra mundial (al estilo vintage) en un modelo de los años 50´s. Al abordar el autobús son recibidos por un ruido ensordecedor, las bocinas del camión retumban, se impone el optimismo pues van escuchando a todo volumen las estaciones del “father” del alcalde, nada más y nada menos que las  joyas de la narco-cultura musical, de pura cepa “chinola”, y ya de pasadita escuchar los anuncios para que a nadie se le olvide ir a entregar la quincena en el Pulgón. Rápidamente en un movimiento brusco se sujetan todos a los tubos metálicos porque el arrancón esta fuerte y se pueden caer. –¡Recórranse, recórranse! –grita el chofer. Caminan entre el pasillo para encontrar un asiento, pero se dan cuenta que no hay ni uno decente, al final del pasillo ven unos asientos más o menos en buenas condiciones, les acomodan las tapas para sostenerlas con el peso de sus cuerpos y como pueden van sosteniendo el equilibrio entre las paradas bruscas y los baches que ya los marean. Entre tanto Elia intenta taparle los oídos a sus hijas para que no sigan escuchando semejante propagación de música selecta. Silerio mira por la ventana como no queriendo la cosa, ya que él está curtido por su extensa militancia priista que le permite aguantar tan bajo lenguaje y la música de baja estofa, en fin populachero como tiene que ser un líder. El espeso ambiente enrarecido de smog y hedores humanos ya empieza a molestar por más que habían decidido confundirse con el pueblo. En la “5 y 10” parece vaciarse un poco aquel atestado armatroste, cuando entre el tumulto aparece Bernardo Padilla y familia y dice –no se olviden de mí porque yo también soy del pueblo. El chofer feliz, viene quedando bien con su mujer que le lanza miradas de admiración porque es un verdadero as del volante, ya que para nada le gusta respetar las elementales normas de urbanidad y de tanto en tanto ruge –háganse para atrás, ahí hay más lugar. No pasan ni 10 minutos cuando se vuelve a atestar y apenas van llegando al Parque Morelos ya sudorosos se hermanan en el sacrificio como buenos aguantadores mexicanos. El alcalde empieza a sublimar su vocación de líder de la comuna y piensa “para eso soy el alcalde, para tener comprensión de estos pobres trabajadores del volante”. Entre brinco y brinco, Silerio ya envalentonado con la excelsa música del Vale Elizalde y el Chaka le dice a su jefe –¿cómo la ve, doctor, nos irá a alcanzar el depósito federal para construir la ruta troncal que ya presumimos en un video virtual? Astiazarán lo mira con un gesto fruncido y le dice –mira Silerio, hoy por hoy nuestra comuna no tiene ni para pagar lo más elemental que es la luz y el agua del principal edificio de los tijuanenses que se encuentra empeñado, ya Banorte no nos quiere prestar. A ver, Bernardo, ¿cómo va la cuenta? –Jefe, yo solo sé que por meses nos ha estado prestando y depositando cada quincena –contesta Bernardo. –¿Te llegó el recado, Bernardo? –¿Cuál recado, doctor? –El de finanzas que dice: ya vienen los aguinaldos que por ley tengo que empezar a entregar en los próximos quince días y el de finanzas me acaba de informar que ya no hay ni para cubrir las facturas escondidas de Bustamante. Haciendo cuentas entre que suben y bajan, ya llevan más de un quinientón, le dice Bernardo a Silerio en lo oscurito. Para cuando lleguemos a El Refugio ya se habrán acumulado más de mil pesotes. José Luis y Jorge se felicitan del viaje tan aleccionador, acuerdan continuar haciendo estos viajes de placer patriótico. Bernardo se pierde entre la multitud y parece que van a diferir el asunto tan espinoso de la ruta troncal, al fin estas unidades aguantan otro medio siglo para que lleguen a su centenario. De algo sí están seguros: consideran seriamente dejar choferes, escoltas y toda la pompa oficial para fundirse en la nacionalidad épica con la raza de bronce. Armando Fidel Ramos Hernández, especialista ambiental, pertenece al Consejo de Patrimonio Cultural del Estado de Baja California.

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