Espiritualidad


 
Lunes, 26 Octubre, 2015 07:00 PM

Algunas personas repiten sin saber durante la misa “yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanar mi alma”. Cuando debe decirse “para sanarme”. La razón es porque no se salva solo el alma, sino toda la persona: espíritu encarnado. Algunos esposos se refieren a sus mujeres diciéndoles cariñosamente: mi alma. Otras personas llaman a los malvados: desalmados. Para la inteligencia los libros, la cultura, etc., para el cuerpo las comidas. Para el corazón el amor y el cariño; y para el alma la espiritualidad. Conocedores y maestros de espiritualidad: Jesucristo, los apóstoles, la Santísima Virgen María, los santos padres del siglo I al VIII (Patrística), los monjes del desierto; San Francisco de Asís, Santo Domingo de Guzmán, Tomás de Kempis el Agustino, San Ignacio de Loyola, San Francisco Xavier, San Alfonso María de Ligorio, San Francisco de Sales, Santo Tomás de Aquino, Santa Teresa del Niño Jesús, Santa Teresa de Jesús. Uno de los tesoros de la espiritualidad es y ha sido “La Imitación de Cristo” de Santo Tomás de Kempis, religioso alemán. Ahí uno sin experiencia puede confundir la “gimnasia con la magnesia”, porque continuamente el autor se refiere a los “ejercicios”, y no precisamente musculares o del gimnasio. Kempis se refiere a los ejercicios del Espíritu o del Alma. La forma más práctica y certera de conocer en esencia y verdad la vida espiritual, es acercarse a algún director espiritual como los sacerdotes del seminario diocesano. O pedir asesoría a los padres franciscanos, dominicos, misioneros del Espíritu Santo, jesuitas, redentoristas, o alguna orden religiosa cuyo fundador sea santo o siervo de Dios, beato, que tenga claro el camino de espiritualidad. En la Iglesia hemos perdido los famosos “ejercicios de cuaresma”. Y muchísimas personas demandan y necesitan de la Iglesia descubrir y manejar su vida espiritual. De visita en el Santuario Mariano de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre en Cuba, no deja uno de admirarse hasta el alma por los regalos que la gente sencilla deja a los pies de la Virgen María. Si Ernest Hemingway le regaló su medalla de Premio Nobel de Literatura 1954, entre los muchos regalos a Nuestra Señora, destacan varias tesis doctorales (Doctorados) en ciencias, elaboradas por jóvenes de Baja California Sur en La Paz y llevados con gratitud a la Virgen. Ejemplo de humildad de que la razón y la Fe se complementan. Germán Orozco Mora reside en Mexicali.- Correo: [email protected]

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