El ejército y su rol de policía


 
Lunes, 26 Octubre, 2015 07:00 PM

La semana pasada me referí a las entrevistas otorgadas por el Secretario de la Defensa. Por falta de espacio no abordé otros temas que me parecieron interesantes de éstas, que hoy deseo comentar. ¿Debe el ejército sustituir a las policías, sean del orden municipal, estatal o federal? –No –contestó el General, en una de las entrevistas. –Nosotros no lo queremos. Si se decidiera en una tarde, que ya no hiciéramos esa tarea, al día siguiente no habría ningún militar en las calles haciendo tareas de seguridad pública –cerró contundentemente el General. –Lo hacemos porque es una orden del Presidente, aparte de ser una orden presidencial. La realidad es que las policías de todos los órdenes de gobierno están rebasadas y, a pesar de los exámenes de confianza, están penetradas por la corrupción del crimen organizado y común. A finales de los 90, como senador por Baja California y Presidente de la Comisión de Gobernación, me tocó coordinar los trabajos para la creación de la Policía Federal. El objetivo era crear un nuevo cuerpo policiaco, egresado de las academias, con mayor formación, con ética y moral fortalecidas, con el propósito de poco a poco ir retirando al ejército de las tareas de seguridad. A este cuerpo se le asignaron cinco mil miembros de la policía militar para que fuera la base de su crecimiento. En términos generales ese propósito ha sido un fracaso, a 15 años de distancia la Policía Federal no está libre de corrupción, ni en las carreteras ni en el combate al crimen, algunos hechos han sido vergonzoso, como los asesinatos entre ellos en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México en junio de 2012. En Chiapas, cuando fui Ministro de Justicia, encontré que algunos jefes estaban a sueldo de los Zetas. Por eso el ejército tiene que seguir haciendo estas tareas, ahora reforzado por la Marina mexicana.  –Hay temor infundado de que si nos crean un orden jurídico para estar a cargo de la seguridad, no nos regresaríamos a nuestros cuarteles –sostuvo el Secretario. Es cierto, es infundado por el origen popular del ejército y sus mandos, como bien lo dejó en claro el General Cienfuegos, hacen impensable un golpe de estado, pero también es cierto que dentro del ejército hay gente muy crítica del gobierno. Yo he dado conferencias en el Colegio Superior de Guerra y he oído críticas muy fuertes al poder civil. En el fondo los políticos tienen miedo a un golpe de estado. No saben cómo reaccionar con el ejército, le tienen miedo, por eso todos son lisonjeros y superficiales. Todos en sus discursos siempre agradecen a las fuerzas armadas en un tono zalamero, monótono y formal. En cualquier caso, es mejor crear mecanismos para sustituir al ejército de las tareas de seguridad. Creo que desde el punto de vista de la ingeniería constitucional, es mejor crear esos contrapesos. La Gendarmería es una posibilidad, pero se ha tenido miedo de militarizarla, por la misma razón que aduje antes. Sí, los políticos tienen miedo del ejército, infundado o no. Es una realidad. Yo creo que ésta es la vía: que se fortalezca esta institución militarizada, si se quiere con mandos militares, pero con otros objetivos, con otros conocimientos, con otros mandos, con otra filosofía, pero con doctrina militar. El ejército no sabe investigar delitos, el ejército no solicita orden de aprehensión ni de cateo, ellos solo actúan y dan resultado y por su propia naturaleza, aunque todos traigan cartilla sobre derechos humanos, como sostuvo el General Cienfuegos en una de sus entrevistas; su razón de ser es otra. Se forman para la guerra, para la defensa del territorio nacional, aunque parezca verdad de perogrullo, no son policías, son soldados. Y al final esta naturaleza es la que predomina en su actuación. De cualquier manera, aun con errores y excesos, la intervención del ejército en estas tareas de combate al crimen organizado, impidió e impide que nuestro país se convierta en un narco estado, dominado por los capos, como sucedió en Colombia. Amador Rodríguez Lozano, potosino radicado en Baja California. Fue Senador, Diputado Federal y Ministro de Justicia del Estado de Chiapas.

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