Don Patricio


 
Dobleplana Lunes, 19 Octubre, 2015 07:00 PM

No. Definitivamente no creo al narco culpable. La forma como fue baleado el Gobernador de Chihuahua no es su estilo. Por eso don Patricio Martínez debe darle gracias a Dios. Si hubiera sido orden de la mafia golfeña ya estaría muerto. Los capos nunca utilizan a personas desequilibradas para ejecutar. Jamás a mujeres. Las quieren mucho para enseñarlas a matar y arriesgarlas. Se sirven de hombres. Entre los veintitantos y treintañeros. Nunca cincuentones. Todos con efectividad de 99.9 por ciento. Se fugan fácilmente luego de disparar y matar. Sorpresa y rapidez los distinguen. Cuando funcionan solitarios, dos hechos los marcan: Uno.- Nunca utilizan revólver. Es una torpeza eso de jalar el gatillo por cada disparo. Prefieren las pistolas automáticas. Calibres .38 ó .9 milímetros. Así pueden disparar desde ocho hasta 12 balas con un solo apretón al percutor. El sicario debe tener la destreza para acercarse demasiado. Sabe muy bien si con un disparo bastó. O es preciso hacerlo también al pecho para asegurarse. El segundo hecho.- Siempre son apoyados. De entrada, un auto preferentemente robado para huir. Chofer y pistolero expertos para cubrir la retirada. Huyen todos. Normalmente dejan el vehículo a pocas cuadras o en alguna colonia cercana. Suben a otro vehículo no visto en el sitio del crimen. Por ejemplo, una ejecución típica del narco, la de Paco Stanley.   Hay otro sistema. Se utiliza más en Tijuana, Culiacán, Mazatlán, Los Mochis, Nuevo Laredo, Ciudad Juárez, Guadalajara y ahora el Distrito Federal: emboscar a la víctima a la salida o entrada en su casa u oficina. También en el trayecto, atravesando un carro que obliga al victimario frenar y así queda fácil de blanco. En pareja o grupo descargan entre ochenta y 200 disparos. Utilizan el rifle automático AK-47, el famoso “cuerno de chivo”. En todos los casos, los matarifes normalmente desaparecen para siempre. Por eso escribo, afortunado el señor Martínez.   Contrariamente es la situación de Cruz Victoria Loya Montejano. Actuó en el lugar menos indicado. No tenía oportunidad para escapar. Cayó en el riesgo de ser muerta por reacción de la escolta. No utilizó pistola automática. Traía un revólver viejo. A veces se encasquillan. Por eso no lo usan profesionales. Además, nadie apoyó a Victoria. No había auto esperándola. Fácilmente capturada inmediatamente no habló. Como dicen por a'i, parecía ida. Es más o menos el caso de Mario Aburto. Pistola casi igual. Condiciones imposibles para huir. Instinto solitario. Dispuestos ambos tanto a matar como a morir. Lo de Aburto está en suspenso. No se sabe ni ha dicho si fue inducido. Pero Loya declaró “…me ordenaron hacerlo”. Y hasta refirió que si no, la matarían. Suponiendo sin conceder que esto fuera cierto, me inclinaría a un complot, pero hasta el momento Victoria y Aburto los une la coincidencia: tiradores solitarios en el lugar de los hechos.  Con todo eso me pregunto y no tengo respuesta: ¿Por qué supuestamente querían matar los mafiosos don Patricio? Mi hipótesis es que haciéndolo, no ganaban nada. Al contrario, resentirían una obstinada persecución. Y eso no ha sucedido. La policía de Chihuahua ha fracasado. Aparte, no es válido el móvil que don Patricio “les puso el dedo” en la Procuraduría durante el sexenio zedillista. Varios gobernadores lo hicieron. El de Querétaro, don Ignacio Loyola, utilizó un tono más fuerte. Enrique Martínez de Coahuila, Fernando Canales Clariond de Nuevo León y Tomás Yarrington de Tamaulipas fueron más allá: le declararon la guerra a los mafiosos. Eso sí está comprometedor. Y en tratándose del señor Martínez, dijo que el Procurador Madrazo no le hizo caso durante el sexenio pasado. Entonces, ni para qué preocuparse los capos. El Gobernador de Chihuahua debió presentar una acusación formal ante el Presidente Zedillo, que pertenece a su mismo partido. Un par de hechos resucitó el caso dormido de don Patricio. Tres meses después que fue herido apareció la advertencia del FBI sobre un atentado. Sobre ésta, la tesis del Procurador Macedo de la Concha es válida: tardía, sin sustento y por ello no creíble. El otro hecho fue la casual localización de dos cápsulas venenosas en la celda de Victoria en Chihuahua. Esto es gravísimo. Dado el delito cometido no la vigilan continuamente. Aparte, los narcos nunca matan prisioneros de su mismo equipo. Y no hay prueba que Victoria pertenezca a los cárteles de Carrillo Fuentes o el Golfo.  De tales hechos desembocó otro imperdonable: la desafortunada respuesta del Presidente de la República al desesperado reclamo de don Patricio. Fox debió enviar un jet por él o mandarle al Procurador. Hasta pudo programar una escala en Chihuahua antes de ir a Canadá. El Gobernador norteño se sintió lastimado. Dijo que si hubiera sido un mandatario panista recibiría pronta atención. Esto me recuerda cuando tirotearon a medianoche la casa donde dormía la esposa del entonces Gobernador Ernesto Ruffo Appel en Mexicali. Siendo en aquellos días priísta el Presidente Salinas, no prestó atención al incidente. Chihuahua es la calcomanía de Mexicali. Patricio la de Ruffo. Fox la de Salinas.  Una cosa me atrae. La impericia de la Procuraduría de Justicia del Estado para resolver el asunto. Los policías expertos saben muy bien: caso no aclarado en 72 horas, difícilmente es resuelto. Allí está el de Stanley y aproximadamente dos mil entre 1999 y 2000 nada más en Sinaloa, Baja California y Guadalajara. Es inaceptable la mecánica de la Procuraduría chihuahuense. Se revela incapacidad. Tiene sobreviviente, testigos, arma, autora detenida y sus declaraciones clave. Esa tardanza de la Procuraduría y la ausencia de energía del Gobernador para exigir resultados, ha sido pasto para la especulación y la politización del asunto. Ruidajo como en el Caso Colosio pero con menos volumen. De la obligada investigación se trasladó a la catarata de opiniones. Más con factura de mala y no de buena fe. He visto cómo parientes o amigos de otros gobernadores fueron asaltados o agraviados. Sus procuradurías capturan rápidamente a los agresores. Y eso hasta provoca descontento popular. El ciudadano normalmente dice más o menos que “Sí. Como se trata de ellos luego luego actúan, pero cuando se trata de nosotros, ni caso nos hacen”. Por eso considero en el caso de don Patricio a dos culpables: uno, la mujer agresora. Dos, la ineficacia de la Procuraduría estatal.  Y a la distancia me topo además con un choque de opiniones: para el caso tomo las declaraciones de Don Patricio al diario Reforma del viernes 20. Teme por un nuevo atentado y calificó el sufrido como un ataque a la democracia. Pero también se refirió a que “…calmamos aguas turbulentas donde había ganancia de pescadores como nunca antes se había hecho”. Y más todavía: “Quiero que vengan el Presidente Fox y los miembros de su gabinete para que vean y comprueben el desorden que prevalece en las dependencias federales de Chihuahua, porque no es mi competencia arreglarlo”. Sencillamente no veo relación entre un hecho y otros como motivos del atentado.  Así, Don Patricio públicamente señaló tres motivos de su atentado. Y el Procurador debería investigarlos: Primero a “los de ganancia de pescadores que fueron calmados”. Segundo, a esos “enemigos de la democracia”. Y tercero, a los funcionarios federales provocadores del desbarajuste. Si el señor Gobernador los apuntó, debe saber los nombres. Y como mandatario tiene el deber de procurar por el orden en su Estado. Todo es cuestión de proceder. Después de tres meses del atentado no hay resultados sobre el origen. El señor Martínez no puede pasarse todos los días temeroso de ser asesinado. Ni su Procurador Arturo González Rascón declarando que no permitirá a la Federación ejercer el derecho de atracción. Esto solamente conduce a dos razones: una, el señor fiscal no sabe que la PGR puede hacerlo legalmente. Claro, siempre y cuando existan elementos suficientes para retirar el asunto del fuero común al federal. Y dos, si han pasado tres meses y no resuelve nada González Rascón, es inexplicable su rechazo público para que otros hagan ese trabajo. En fin, termino como empecé: Don Patricio debe darle gracias a Dios que dispararle, no fue orden del narcotráfico. Tomado de la colección “Dobleplana” de Jesús Blancornelas, publicado el 24 de abril de 2001.

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