Semana Santa


 
Lunes, 6 Abril, 2015 08:00 PM

¡No adoremos un sepulcro vacío, sino a Cristo resucitado! No fijemos nuestra mirada sobre una lápida muda, sino sobre el tabernáculo que custodia a aquel que está vivo en la Eucaristía; no celebremos sobre el frío mármol, sino sobre el altar de su cuerpo y su sangre; no llevemos flores que se marchitan, sino las buenas obras que son un tesoro en el cielo.   No fue sin intención que otro evangelista hubiera escrito que el sepulcro era nuevo, y otro que era el sepulcro de José. Por tanto, Cristo no tenía un sepulcro propio. En efecto, el sepulcro se prepara para todos los que están bajo la ley de la muerte; sin embargo, el vencedor de la muerte no posee un sepulcro propio. ¿Qué relación podría existir entre un sepulcro y Dios? Además, el Eclesiastés dice que aquel que medita sobre el bien “no tiene sepultura”. Por ello, si la muerte es común a todos, la muerte de Cristo es única, y por eso a Él no se le sepulta junto con los demás, sino que se encierra solo en un sepulcro; en verdad, la encarnación del Señor tuvo todas las características de la de los hombres, pero dicha semejanza va de la mano con la diferencia de su naturaleza: nació de una Virgen con la semejanza de la generación, y con la diferencia de la concepción. Sanaba a los enfermos, y al mismo tiempo reinaba. Juan bautizaba con agua, Él con el Espíritu. Por ello, la muerte de Cristo es asimismo común a la de los demás según la naturaleza corpórea, pero única por su poderío.    Vigilia Pascual San Agustín, Discurso Guelferbytanus 5 ¡La Vigilia Pascual es “la madre de todas las vigilias”! Velar significa estar despiertos, listos, atentos; velar es tener dispuesto el corazón al sacrificio con la seguridad de un gran don; velar es orar renunciando a sí mismo y al tiempo que transcurre; velar es renovar la experiencia del sepulcro que queda vacío por la resurrección de Cristo; velar es saborear anticipadamente una vigilia sin fin. ¿Es acaso una sorpresa que los cristianos velen hoy en el aniversario de la fiesta? En efecto, velamos sí con gran profusión, y ninguna otra solemnidad puede considerarse de tal manera: porque con este deseo buscamos y decimos: ¿A qué hora velamos? Velamos durante tantos días; como si las otras vigilias no se consideraran como tales comparadas con ésta. Incluso el Apóstol recomendó a la Iglesia la constancia de los ayunos y de las vigilias, al recordarlo cuando decía: “Con más frecuencia en los ayunos y en las vigilias”; sin embargo, es de tal magnitud la vigilia de esta noche, que sobrepasa por sí sola incluso el nombre común a las demás, como suyo propio.(…) Al igual que la ida misma, la vigilia no tendrá fin; no hay otra cosa que importe, sino velar; y no tanto velar, sino vivir.(…) Y así, quien vela asiduamente de manera sobria e inocente medita sin lugar a dudas la vida de los ángeles –en la medida en que la debilidad de ese cuerpo tenga peso en la tierra, se retoman los deseos del cielo– al ejercitar una vigilia más larga contra (dicho) peso portador de muerte, se le prepara el premio en la vida eterna.   Pascua Domingo de Resurrección San Juan Crisóstomo, Sobre la Resurrección, 3-5 Jesús nos liberó del pecado y del poder de la muerte. Unió lo que estaba en pedazos con Adán y con el pecado original. Con su muerte en la cruz redimió el mundo corrupto y con la resurrección pagó el rescate por todos. Él restablece la primigenia armonía antes de entregar todo al Padre el último día. Celebremos esta grandísima y gloriosa fiesta de la Resurrección del Señor, celebrémosla con alegría y devoción; resucitó; no pecó Cristo y murió. Esto es un hecho nuevo y sorprendente; aquél pecó y murió, y Éste no pecó y murió: ¿Qué significa esto? Aquel que no pecó murió, pero lo hizo para liberar de las cadenas de la muerte al otro que estaba muerto, porque había pecado. Esto sucede también en el ámbito del dinero. Con frecuencia, alguien no puede pagar una deuda, y es llevado a la cárcel; entonces otra persona, que no es deudora, pero tiene el dinero para pagar la deuda, lo libera. Éste es el caso de Adán. Adán era deudor, estaba en la cárcel del diablo pero no tenía dinero para pagar. Cristo no era deudor y no estaba encadenado, pero podía pagar; vino y dio su vida por aquel que el diablo tenía preso, para liberarlo.   Germán Orozco Mora reside en Mexicali Correo: saeta87@gmail.com

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