La odisea del Peje X


 
Martes, 14 Abril, 2015 07:00 PM

El ave Fénix. El ave Fénix egipcio gozaba de la virtud de que sus lágrimas eran curativas, también de fuerza descomunal y resistencia física que controlaban el fuego, pero moría consumido por el mismo cada 500 años, solo para resurgir de sus cenizas con sus virtudes intactas. Ese mito egipcio parece replicarse en la carrera política de Andrés Manuel López Obrador, quien posee virtudes y fuerza únicas en la fauna política mexicana y es capaz de sobrevivir a las llamas que consumen a nuestra clase política, pero cada seis años es vencido en la carrera presidencial, solo para resurgir con su fuerza y virtudes intactas, resurgimiento cíclico que siempre sirve de catarsis al sufrimiento e inconformidad de una buena parte de nuestra sociedad. Perdió la elección del 2012 porque su desempeño y suerte tenían que alinearse en la perfección, cuestión que estropeó, el error de permitirle, a Bonino y Mandoky, que pidieran dinero a un extraño para concretar su triunfo y el fraude descomunal que los priistas cometieron: cuchareando las encuestas que emitían la mayoría de las casas encuestadoras, dictando la línea editorial que la mayoría de los medios de comunicación nacionales y locales presentaban respecto a la campaña presidencial y emitiendo las tarjetas Soriana con las que compraron la voluntad política de tres millones de ciudadanos que se ubicaban por debajo de la línea de la pobreza, para los que la única oportunidad de cambio tangible, podía ser, comer adecuadamente durante un mes. Esta vez no se inmoló colocándose la banda presidencial, ni agravió a su fuente más importante de votantes tomando reforma, tampoco convocó a ruidosas manifestaciones, ni pidió voto por voto casilla por casilla, pero no dejó de denunciar, por las vías legales, el fraude cometido: presentó como prueba miles de tarjetas Soriana e imágenes publicadas por algunos medios de comunicación, de las inmensas filas de personas que al día siguiente de la elección se presentaron en el supermercado para hacer buenas las dichosas tarjetas. El tribunal resolvió que los regalos que el PRI entregó a esos votantes, no probaba que esa personas hubiese votado por ese partido, o que si lo hicieron, el regalo hubiese dictado su voluntad. AMLO desconoció la derrota y llamó alcahuetes y miembros de la mafia en el poder a los magistrados que emitieron ese fallo legaloide, pero no se engranó ni perdió tres años en insultar y agredir a la figura presidencial, ni recorrió el país llorando como la llorona por su elección perdida. No cometería los errores del 2006, 2007 y 2008. Tenía claro que si quería intentarlo nuevamente, debería abandonar al PRD, pues desplazar a los chuchos del poder burocrático de ese partido, sería incierto, e implicaría un desgaste para el que no tenía tiempo ni ganas, pues aunque triunfara en esa empresa, tendría que compartir el poder partidista con las corrientes políticas internas que siempre despreció. Sabía que si no se desgastaba innecesariamente ni decepcionaba a los millones de votantes que lo acompañaron en esa elección, podría tener oportunidad en el 2018. Por eso formó Morena, decisión valiente con la que pretende ganar la elección presidencial, a su favor parecen correr los vientos, pero él nunca ha tenido problema para posicionarse con ventaja, sí para concretar esa ventaja en triunfo electoral. Jesús Alejandro Ruiz Uribe fue dirigente del PRD en Baja California, ex diputado local por el mismo partido y actualmente es Rector del Centro Universitario de Tijuana en Sonora. Correo: [email protected]

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