Los enanos de Gulliver


 
Lunes, 23 Febrero, 2015 04:00 PM

Canta Joaquín Sabina en su bob dyliana canción Gulliver, “todos, todos los hombres de corazón diminuto armados con palos y con hoces asaltarán al único gigante con sus pequeños rencores, con su bilis, con su rabia de enanos afeitados y miopes. Pobre de ti, Gulliver, pobre de ti, el día que todos los enanos unan sus herramientas y su odio; sus costumbres, sus vicios, sus carteras, sus horarios. No podrán, no podrán, no podrán perdonarte que seas alto. Para ellos la generosidad no es más que un lujo que no pueden pagarse, viven alimentados por la envidia que los habita en forma de costumbre. Míralos revolverse recelosos tras sus gafas de concha”. Esos días llegaron al PRD cuando Jesús Ortega, mediante un fraude maquinado desde Los Pinos, se instaló en la dirigencia del partido, que surgió en 1989, cuando unos gigantes convocaron a los mexicanos para revelarse democráticamente ante el autoritarismo; la pobreza; la impunidad; la corrupción que padecíamos y que por desgracia, seguimos padeciendo. Afirmo lo anterior, porque desde ese momento Ortega y su horda de enanos, implementaron una estrategia de aniquilación de todos los gigantes que habitaban el universo perredista, gigantes que en 2 ocasiones habían logrado ganar la presidencia de la República; que habían resistido a los fraudes electorales de un aparato de gobierno concentrado en difamarlos, destruirlos, cooptarlos o intimidarlos; que bajo ese asedio, sin claudicar ni vencerse, lograron gobernar exitosamente la capital de la República y la tercera parte de sus Estados. El primero en caer fue Andrés Manuel López Obrador, quien audazmente renunció, al tiempo que anunció la creación de otro partido, convencido de que los enanos se habían apoderado por siempre de los instrumentos de dirección del PRD y que su pobreza de corazón y espíritu, condenaba al partido a ser un instrumento del aparato y del sistema, que se suponía debía combatir. Le siguió Cuauhtémoc Cárdenas, el gran fundador, convencido de lo mismo que Obrador y decepcionado por la corrupción moral de los enanos, que en la búsqueda de aliados y dinero, habían incorporado a las filas partidistas a asesinos de estudiantes; narcotraficantes; y corruptos de otros lares. Él dio una pelea más franca y gallarda, emplazándolos a renunciar a sus cargos de dirección, para que la institución pudiera regenerarse. Los enanos rabiaron, fingieron, se justificaron y pidieron perdón por lo acontecido en Iguala, pero no renunciaron. Hoy Encinas también se ha ido, sin destino seguro, convencido de que la izquierda tiene que unirse, pero contrariado ante la arrogancia enana que prefiere quemar la casa antes que compartirla. Mañana seguirá irremediablemente Marcelo Ebrard, el Jefe de gobierno civilizador de la capital, arrinconado por un intento de parricidio y la venganza peñista que lo acusa de descobijar sus demonios, venganza que es operada dentro del PRD por los enanos, quienes aprovechando la coyuntura, lo marginan de cualquier posibilidad de ser el Diputado que retome el papel de oposición que el PRD ha abandonado, no les interesa, lo de ellos son los acuerditos en Los Pinos, Bucareli o Hacienda, las cenas en casa de sus contrapartes, no la oposición ni el combate, no les interesa porque su estatura no les da para esos lujos y porque creen que la igualdad consiste en cortarles la cabeza o arrodillar a los más altos.   Jesús Alejandro Ruiz Uribe fue dirigente del PRD en Baja California, ex diputado local por el mismo partido y actualmente es Rector del Centro Universitario de Tijuana en Sonora. Correo: chuchoruizuribe@gmail.com  

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