Ríos Piter


 
Lunes, 19 Enero, 2015 04:00 PM

¿Quién es este político guerrerense al que apodan “El Jaguar”, quien como puntero en todas las encuestas ha decidido renunciar a la oportunidad de gobernar su estado natal, denunciando propuestas más que indecorosas de Jesús Ortega, actual propietario de la franquicia política perredista? De entrada, es, tal vez el único perredista con posgrados en Harvard y Georgetown, egresado además de dos licenciaturas, Derecho y Economía, por la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto Tecnológico Autónomo de México, respectivamente. Su llegada al Partido de la Revolución Democrática, podría parecer, más por oportunismo político que por convicción (no sería el único ni de los pocos), pues primero fue alto funcionario de la administración zedillista y luego subsecretario foxista. En el PRD, apareció cuando lo nombraron Secretario de Desarrollo Rural del gobierno de Zeferino Torreblanca, desde ahí su ascenso político en el sol azteca fue meteórico. Diputado federal; precandidato al gobierno del estado; coordinador de la fracción parlamentaria; Senador de la República; y nuevamente precandidato a Gobernador, solo que en esta ocasión su postulación era mero trámite, ya que sin competencia seria y arriba en todas las encuestas, se antojaba como paso lógico. Pero en política, uno es dueño de sus silencios y rehén de sus palabras. Su proclividad al protagonismo y los excesos verbales, se convirtió en una bomba de tiempo que estalló en las redes sociales apenas días después del secuestro de los normalistas de Ayotzinapa. En campaña por el escaño senatorial, sin cuidado alguno, dueño del micrófono, llenó de elogios y calificó como amigo a José Luis Abarca, entonces candidato a Presidente Municipal de la heroica Iguala. Aunque su imagen resistió a las andanadas mediáticas, su cielo no volvió a despejarse y hoy lo vemos tomar decisiones contradictorias con su pasado pragmático. Desde luego, espero que su decisión sea como afirma, un asunto de principios y no la coartada de una renuncia obligada por el amago de la publicación de un dossier inconfesable. Si se trata de lo primero, en estos tiempos canallas, en donde todos los días nos enteramos de funcionarios y dirigentes partidistas, mayores y menores, que pactan sobornos, moches, acuerdos narquiles; que se hacen de casas, carros de lujo o joyas, relojes con cargo directo o indirecto al erario público; que se concentran en ganar elecciones a como dé lugar y postulando a quien sea con tal de participar de los millonarios recursos que los partidos políticos se han auto asignado; y si está dispuesto a llevar sus acusaciones hasta las últimas consecuencias, estaríamos ante el surgimiento de una refrescante figura política nacional, que con la ética republicana como estandarte, irrumpe en una sociedad decepcionada, asqueada de su clase dirigente; pero si es lo segundo, no creo que el tiempo le permita retomar una carrera política, que hasta ahora, parecía irrefrenable. Espero, sinceramente, que lo de su apodo político no sea un disfraz de otro animal carroñero. Buena suerte para él, buena suerte para Guerrero.   El autor fue dirigente del PRD en Baja California, ex diputado local por el mismo partido y actualmente es Rector del Centro Universitario de Tijuana en Sonora. Correo: [email protected]

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