Poesía religiosa mexicana


 
Lunes, 5 Enero, 2015 04:00 PM

Le preguntaba un japonés a León Tolstoi, ¿cuál es la verdadera vida  y cuál es su Fe? Y el sabio ruso le expresaba la inutilidad de pertenecer a la doctrina de Cristo, de Buda, de Confucio, de Lao Tsé o de Mahoma. En el entendido de que cada uno puede encontrar el objeto de su vida en su religión, considerando que el hombre es un servidor de un poder superior que se llama Dios, y debe cumplir la voluntad de este poder. Su voluntad es la unión de todos los hombres, que puede realizarse por el amor. El que a ella se conforma no conoce el mal ni en la vida ni en la muerte. Como parte de la poesía religiosa mexicana, en uno de los procesos de la inquisición del año 1640 en México contra los procesados judíos, Francisco Fernández recuperó estos fragmentos que eran oraciones antiguas de los condenados. No me dejes, Señor, en este trance, ni te apartes de mí, consuelo mío, ¿quién, si me dejas, te dará un alcance? ¿quién templará mi loco desvarío? buscando voy mi bien de lance en lance, mas hállome sin fuerzas y sin brío; ayúdame, Señor, que estoy en calma, no dejes sin salud mi vida y mi alma. Estaba yo tan sordo y sin sentido, tan simulada (?) y abrir la boca que pudiera sin duda ser tenido por hombre mudo que a callar provoca; sepultado en el sueño del olvido, y cuando ya la vida se me apoca; porque espere, Señor, en tu grandeza. Oíste de mis quejas la bajeza. Oyó el Señor mi humilde rogativa, de mi oración mostróse satisfecho; ya no quiere que muera, mas que viva que está de tierno amor por mí deshecho. Apartase de mí la gente esquiva avergüéncese el flaco y pobre pecho, y más de prisa se avergüence y corra el que no pide a Dios que le socorra. El sabio Tolstoi que había visto y vivido bastante, resumía en el amor a Dios y al prójimo, como Jesús, toda la sabiduría de las religiones. Expresando que esta religión universal, es la única que puede librar a los hombres de los males que se crean. “Estoy seguro” afirmaba el literato ruso, “que el primero y el principal de los deberes de cada uno de nosotros es hacer desaparecer las supersticiones que deforman todas las religiones, y propagar esta única y universal religión”. Amar a Dios amando al prójimo. (León Tolstoi, de su última obra “El Gran Crimen”, y sobre la religión universal, México, 1905).   Germán Orozco Mora reside en Mexicali Correo: [email protected]

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