Los efectos de la violencia televisiva en los niños


 
Lunes, 12 Enero, 2015 04:00 PM

Las investigaciones sobre los efectos que los programas televisivos de contenido violento provocan en la conducta del niño y el joven se centran en tres aspectos: a) imitación, b) desinhibición, y c) reducción. Efectos de imitación Ya desde 1963 los investigadores Bandura, Ross y Ross demostraron sobre el origen del efecto imitación, cómo la violencia aparecida en los contenidos televisivos es imitada o copiada por esta audiencia infantil-juvenil. Pioneros en el tema demostraron que ver una película violenta podía producir el mismo efecto en la conducta del niño que ver un modelo violento en la vida real. (Cfr. Televisión, Violencia e Infancia; impacto de los medios por Ma. Del Carmen García Galera; Gedisa Editorial, abril del 2000, www.gedisa.com). Efectos de desinhibición Cuando los investigadores hablan de un efecto de desinhibición se refieren al hecho de que, después de que el niño haya visto violencia en la televisión, desarrolla conductas agresivas aprendidas anteriormente con más frecuencia, más tiempo o más intensamente. Se reconoce que el infante tiene ya rasgos agresivos en su personalidad y la televisión provocaría que desaparezcan las normas o valores que detienen la conducta agresiva en ciertas situaciones. Desde 1965, para Berkowitz la clave de los efectos está en la estimulación de la conducta violenta. Así, el niño adquiere previamente el conocimiento necesario para saber cómo actuar violentamente, siendo la función de la televisión la de proporcionar el tipo de información que liberaría o estimularía esa conducta violenta hasta entonces reprimida. En otras palabras, la televisión desinhibe las normas sociales de conducta del niño. Uno de los aspectos sobresalientes para Berkowitz es la variable de la justificación. Es decir, los niños a quienes se les dijo que la violencia de la película estaba justificada mostraron ser, después, los más agresivos de todos. Efectos de reducción En oposición a teorías como de la imitación y desinhibición sobre la violencia televisiva en la conducta infantil, hay teorías reductivas o de la reducción que suponen que contrariamente, la televisión reduce la agresividad a través de la violencia televisada; es el caso de la teoría de la catarsis, la que significa que ver violencia en la televisión provoca una disminución de la agresividad potencial que hay dentro de las personas; al ver esos programas, los receptores se comportan en forma menos agresiva en su vida real. Los efectos emocionales o afectivos de la violencia televisiva en la infancia María del Carmen García Galera, Doctora en Sociología por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid, considera que los efectos de la violencia televisiva en los niños, en líneas generales, despierta ciertas conductas violentas en los niños, los cuales se ponen de manifiesto, especialmente, en sus relaciones sociales y en sus juegos. Está demostrado –afirma la investigadora– que actualmente los estudios e investigaciones sobre los efectos de la reducción o teoría de la catarsis  que están a favor de la violencia televisiva, “carecen –asegura– de excesiva credibilidad”, (Ibid, p.95-96).   Efectos de desensibilización La teoría de la desensibilización ante la violencia televisiva, parte de la base de que ver una y otra vez escenas de violencia en la televisión conduce una reducción de las respuestas ante la violencia en la pantalla por parte de los receptores y a un aumento de la aceptación de esta violencia en la vida real. Consecuencia de éstas, es que los infantes y jóvenes se hacen adictos a la violencia y peor aún a formas cada vez más extremas de violencia que los satisfagan, al tiempo que los niños se van inmunizando ante la violencia que ven en la vida real. Estos efectos ya habían sido verificados por investigadores en comunicación social y sociología de los medios: Drabman y Thomas en 1974; Thomas, Horton, Lippincolt y Drabman en 1977; Clinea, Craft y Courrier en 1978; Thomas en 1982; Geen y O' Neal (1969); Fox, Green, Watkins y Whitaker en 1981, Josephson 1987, y Potts, Houston y Wright en 1986. Científicamente están demostrados los efectos que la violencia televisada provoca en la conducta de los niños y jóvenes; la televisión en sí misma no es mala; los niños y los jóvenes agresores son a la vez víctimas de la violencia y la pornografía en los medios, en este caso la televisión. No es verdad que los programas violentos reduzcan o inhiban la agresividad, al contrario liberan la violencia reprimida en muchas personas especialmente niños y jóvenes débiles en sus valores y conducta. Qué interesante sería conocer si dentro de los ingredientes que llevaron al joven Andrew Williams –el lunes 5 de marzo en San Diego, California– a perder el control de su voluntad y su persona asesinando a dos de sus compañeros, hiriendo a otras 13 personas más. Cómo van a juzgar como adulto a un quinceañero, motivado por adultos que son los que manejan la violencia en los programas de televisión, y que son los que verdadera y finalmente están provocando efectos de imitación, desinhibición y haciendo insensibles a la violencia, a los televidentes. Para el Consejo Pontificio de las Comunicaciones Sociales, “una exposición frecuente de los niños a la violencia en las comunicaciones sociales puede resultar turbadora para ellos, al ser todavía incapaces de distinguir claramente la fantasía de la realidad… además, la violencia sádica en estos medios puede condicionar a las personas impresionables, sobre todo a los jóvenes, hasta el punto de que la lleguen a considerar normal, aceptable y digna de ser imitada”. (Pornografía y Violencia en las Comunicaciones Sociales, no.12). Lo sucedido en la Santana High School de Santee, California, no es novedad, ni es un caso aislado y exclusivo de los Estados Unidos. Parece razonable que los medios de comunicación social, de modo especial la televisión, deben reducir cuando no excluir, la promoción de la violencia televisada. Urge conocer las costumbres televisivas de víctimas como el propio joven Williams.   Germán Orozco Mora reside en Mexicali

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