Francia y Estados Unidos sabían de los terroristas


 
Lunes, 19 Enero, 2015 08:00 PM

Madrid, España.- Aquel 7 de enero era un miércoles más en la redacción de Charlie Hebdo (traducido como “El Semanario de Carlitos”). Ese día acababa de salir a la venta el primer número del año, como sucedía cada miércoles desde 1992. A las 10:30 de la mañana comenzaron la reunión editorial como de costumbre, pero tan solo una hora después, dos terroristas -pertrechados con armas de asalto AK-47 o Kalashnikov, munición y pasamontañas- entraban en sus oficinas presentándose como emisarios de Al-Qaeda. Eran los hermanos Chérif y Said Kouachi, de 32 y 34 años, respectivamente, dos ciudadanos franceses de origen tunecino, quienes tras preguntar por Stéphane “Charb” Charbonnier, el director del diario, presente en la reunión, abrieron fuego sin compasión, acribillando a 11 personas e hiriendo a otras 12. Al salir gritan “Alá es grande”. Charlie Hebdo pagaba así un alto precio por la libertad de satirizar a Mahoma y al islamismo radical desde 2006. Desde entonces -y especialmente a partir de 2011, cuando su redacción fue incendiada con cócteles molotov-, en el semanario sabían que estaban en la diana de los fundamentalistas del Islam. Precisamente por esta amenaza latente, el director del diario contaba con un guardaespaldas oficial (el agente Franck Brinsolaro, también asesinado) y una patrulla de la Policía hacía rondines por el edificio constantemente. Esta patrulla se topó con los criminales cuando salían tras perpetrar la masacre. Ahmend Merabet, policía de origen argelino, los intercepta y se inicia un tiroteo en el que es herido en una pierna y, posteriormente, rematado en la banqueta a sangre fría por uno de los terroristas. Francia se paraliza asustada e indignada ante semejante barbarie. Los terroristas están huidos y la persecución policial se adueña de los noticieros, las calles y las conversaciones dentro y fuera del país. Antes de las cuatro de la tarde, Joachim Roncin publica en su cuenta de la red social Twitter (@joachimroncin) un cartel negro con las hoy mundialmente conocidas palabras “Je Suis Charlie” (Yo Soy Charlie). La frase que acuña este trabajador de la revista gratuita Stylist, se esparce como la pólvora y se convierte en el grito unánime de los miles de personas que horas después se manifiestan en la Plaza de la República en París, en Trafalgar Square en Londres, en Nueva York y en decenas de ciudades por todo el mundo. En Madrid, la matanza de Charlie Hebdo tiene un eco mayor y se revive el recuerdo de aquel terrible 11 de marzo de 2004 y los atentados cometidos también por radicales islámicos. Los telediarios señalan que los de París son los atentados más importantes cometidos en Europa tras el 11-M, que se saldaron con 191 muertos. Pero la venganza de los fundamentalistas no había terminado. El 8 de enero, la Policía busca a los hermanos Kouachi en un despliegue de seguridad sin precedentes llamado Vigipirate, el plan que desde 1978 coordina a las fuerzas y cuerpos de seguridad franceses. El Ministerio del Interior (Secretaría de Gobernación) activa el “nivel de alerta de atentado” y despliega a 88 mil 150 efectivos por todo el país (50 mil policías, 32 mil gendarmes, 5 mil policías móviles y mil 150 soldados). De todos ellos, casi diez mil (9 mil 650) se concentran en la región de Île de France (París y área metropolitana) para dar caza a los terroristas. En el extremo opuesto de las pesquisas, al Suroeste de París, otro terrorista llamado Amedy Coulibaly, de 32 años, en su camino al centro de la ciudad choca con otro vehículo. La joven oficial municipal Clarisse Jean-Philippe se acerca al lugar del accidente y es asesinada sin contemplaciones por Coulibaly. Se hace de noche y los hermanos Kouachi no aparecen hasta la mañana del 9 de enero, cuando son localizados en una pequeña imprenta en la localidad de Dammartin-en-Goële. Simultáneamente al asedio, Coulibaly vuelve a escena y secuestra a clientes y trabajadores de un supermercado judío llamado Hyper Cache. Llama al canal de televisión BFMTV y declara ser “servidor del califa del Estado Islámico”, Abu Bakr al Bagdadi y cómplice de los hermanos Kouachi. Antes de ser abatido por la Policía, Coulibaly asesina a cuatro rehenes durante el secuestro que duró cuatro angustiosas horas. De forma coordinada y al mismo tiempo, la Policía asalta el refugio de los hermanos Kouachi y los mata. Antes, los hermanos terroristas también se encargaron de afirmar al mismo canal de televisión que eran “los defensores del profeta” y enviados de “Al-Qaeda en Yemen”. La pesadilla había terminado. Un arsenal en el supermercado Tanto en la imprenta donde se pertrecharon los Koauchi como en el supermercado kosher tomado por Coulibaly, la Policía encontró un arsenal que pudo haber provocado una matanza mayor. A los asesinos de Charlie Hebdo no les faltaba armamento: un lanzacohetes M82 cargado, dos Kalashnikov, dos pistolas automáticas, diez cócteles molotov y una granada que llevaba adosada al cuerpo uno de los terroristas. Como también explicó François Molins, procurador de la República en París, el arsenal de guerra de Amedy Coulibaly no era menor. “Utilizó un Kalashnikov, dos pistolas metralletas, dos pistolas Tokarev, un chaleco táctico y quince artefactos explosivos”, detalló el funcionario en rueda de prensa. Semejante capacidad armamentística tiene a la Policía francesa y los servicios secretos en vilo. El dinero, se cree que procedía de la rama de Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA), que una semana después de la masacre se atribuyó la autoría. “Nos responsabilizamos de esta operación para vengar al mensajero de Dios”, explicó en un video publicado en YouTube, un vocero de AQPA. El armamento, según informaron medios belgas y franceses, habría sido vendido en Bélgica. “El Kalashnikov y el lanzamisiles utilizado por los hermanos Koauchi, fueron comprados por Coulibaly cerca de la estación de tren Gare du Midi, en Bruselas, por menos de 5 mil euros (90 mil pesos)”, afirmó el diario belga La Dernière Heure, citando “muy buenas fuentes”, aunque estos detalles no han sido confirmados ni desmentidos por la Policía belga. Los mismos medios apuntan a que el posible traficante de armas, un ciudadano belga, se entregó a la Policía de ese país, ante la magnitud de los ataques y para deslindarse de los planes de los terroristas. La Policía conocía a los terroristas La radicalización de los terroristas de París fue progresiva, y en ella, además del adoctrinamiento en el fundamentalismo islámico, mucho tuvo que ver el sistema penitenciario francés. Amedy Coulibaly y los hermanos Koauchi eran viejos conocidos por la Policía, que los tenía fichados por participar en una red de reclutamiento de jóvenes yihaidistas llamada Buttes Chaumont, con la intención de viajar a Irak en el año 2000. Por esta razón, Chérif Kouachi es encarcelado en 2005, en la misma prisión en la que Coulibaly cumplía condena por un robo con intimidación. Allí se encuentran Djamel Beghal, un peligroso terrorista acusado de elaborar un plan para atentar contra la embajada de Estados Unidos en París en 2001. En 2007, Coulibaly es condenado por tráfico de drogas y vuelve a prisión, donde se reencuentra con Chérif, encarcelado por intentar volar a Siria, y con Beghal. “En un mismo paseo, te puedes cruzar con corsos, vascos, musulmanes, atracadores, pequeños vendedores de estupefacientes, grandes traficantes o asesinos”, explicaba el propio Coulibaly en el documental “'Envoyé Spécial” (Enviado Especial) del Canal France 2 sobre la prisión Fleury-Mérogis, la más grande de Europa y ubicada a las afueras de París. Incomprensiblemente, todos quedan libres en 2010 por distintos motivos y juntos planean liberar a Smaïn Aït Ali Belkacem, terrorista argelino autor de los atentados en el metro de París de 1995.   En 2013, Coulibaly es sentenciado a cinco años por ese suceso, aunque Chérif se libra por falta de pruebas. Paradójicamente, los cinco años se convirtieron en meses, porque Coulibaly salió en libertad en mayo de 2014. Le ayudó su buena conducta y las “señales de reinserción” que dio, como explicó Pierre Rancé, vocero del Ministerio de Justicia francés. Mientras, Chérif y Said en libertad, viajaron entre 2011 y 2014 a Siria, Yemen e Irak. Medidas de seguridad excepcionales Conocidos por la Policía francesa y en la lista de sospechosos por terrorismo de Estados Unidos, resulta incomprensible para la opinión pública que no se les haya seguido la pista con más rigor. Un terrible fallo de seguridad que ahora se intenta subsanar reforzando los controles en internet, en Inteligencia, y frente a los atentados, buscando pistas, otros posibles terroristas y, sobre todo, al cuarto elemento: Hayat Boumeddiene, la viuda de Coulibaly, quien podría encontrarse en Siria. Desde octubre de 2013, la Dirección General de Seguridad del Interior (DGSI) ha desmantelado 13 células de reclutamiento de terroristas para Siria en territorio francés. Frente a la Asamblea Nacional, unida como desde hacía un siglo no se vía, el primer ministro Manuel Valls señaló la amenaza real del yihaidismo, con mil 400 franceses que buscan viajar o han viajado a Siria o Irak. Por eso, “una situación excepcional debe ser seguida de medidas excepcionales”, advirtió Valls. De momento, además del plan de seguridad Vigipirate, la Asamblea Nacional aprobó el pasado 13 de enero -por 488 votos a uno- la continuación de los bombardeos a posiciones del Estado Islámico en Irak. Y aunque los diputados tienen una semana para presentar propuestas, según la prensa francesa, las medidas irían encaminadas a ejercer más controles en internet, a reestructurar el sistema penitenciario para evitar que coincidan presos terroristas o vinculados con el islamismo radical, y a crear un fichero de sospechosos que deberían someterse a controles rutinarios. En los países de la Unión Europea se están evaluando medidas más férreas similares a las francesas. De hecho, el llamado Registro de Nombres de Pasajeros (PNR) que se aplica en Francia desde septiembre, se extenderá a países como España y se espera que el Parlamento Europeo apruebe su puesta en marcha en todo el territorio. Alemania retirará el pasaporte y el documento de identidad a los sospechosos para impedir que viajen a Siria o Irak, como aprobó el Consejo de Ministros alemán el jueves 15 de enero. El Acuerdo de Schenghen de libre circulación por Europa, está también sobre la mesa. El peligro de la Islamofobia Tras los atentados en “nombre de Alá”, las comunidades musulmanas de toda Europa se pronunciaron de inmediato condenando los hechos. En Madrid, fieles de más de 50 mezquitas y decenas de asociaciones musulmanas se concentraron el domingo 11 de enero en la Estación de Atocha para gritar “No en mi nombre”. “Como parte integrante de la sociedad española rechazamos que unos criminales hablen en nuestro nombre”, apuntó Said Ida Hassan, presidente de la Asociación Cultura Árabe. Pero los actos xenófobos no se hicieron esperar. El Consejo Francés del Culto Musulmán ha reportado más de 30 amenazas y 21 actos vandálicos en mezquitas del país. Ante esta oleada de ataques, su presidente y también rector de la Mezquita de París, Dalil Boubakeur, señaló que “todas las organizaciones musulmanas están preocupadas por los numerosos actos contra los musulmanes. Hago un llamado al gobierno a estar vigilante”. Según las estimaciones del Pew Research Center’s Forum en su estudio The Future of the Global Muslim Population 2011, en los 17 países más importantes de Europa hay 18.2 millones de musulmanes. De todo ellos, los que tienen más densidad de población musulmana son Francia, con 4.7 millones; Alemania, 4.1 millones; Reino Unido, 2.8 millones; seguidos por Italia con 1.5 millones, y España con un millón. Una comunidad que se ha duplicado en tan solo 20 años y que para 2030, llegaría a los 30 millones de personas. La discriminación por un lado, la falta de integración por el otro, la pobreza y la marginalidad hace que en estos países, gran parte de la comunidad musulmana se recluya en guetos. Así sucede en los suburbios de Clichy-sous-Bois (de donde procedía Culibaly), Aulnay-sous-Bois o Yvelines, al Este de París. Lo mismo sucede en España, sobre todo en Ceuta y Melilla, fronterizas con Marruecos, que se han convertido en los principales focos de reclutamiento de jóvenes para la yijad. Un ejemplo es Rhimou Bghil Abdeselam, una joven ceutí de 18 años, cuyos padres denunciaron su desaparición el 10 de enero ante la Guardia Civil, y que el martes 13 fue interceptada en la frontera entre Turquía y Siria. Ellos son Charlie: la historia de Charlie Hebdo Fundado en 1969, Charlie Hebdo es la continuación de otra revista satírica llamada Hara-Kiri, que fue prohibida en dos ocasiones por el gobierno del General Charles de Gaulle en los revolucionarios años sesenta. No eran buenos tiempos, pues toda su crítica y sátira desaparecen en 1981, cuando cierra por falta de lectores, un vacío que se prolonga durante 11 años. En 1992 vuelve a los quioscos, rescatando a algunos de los primeros caricaturistas y periodistas de Hara-Kiri. El devenir bajo la lupa del islamismo radical empieza en 2006, con la publicación de las 12 viñetas sobre Mahoma del diario danés Jyllands Posten. Hasta que en 2011 desata la ira de los fundamentalistas con un especial llamado “Charia Hebdo” (en referencia a la ley islámica “Sharia”) en la que critica la victoria del partido islamista Ennahda en Túnez. La noche antes de su publicación, las instalaciones del semanario son incendiadas con cócteles molotov. Un “aviso” más contundente del islamismo radical. Con medidas de seguridad más extremas (como utilizar claves de acceso para entrar a sus oficinas), Charlie Hebdo continuó su actividad sin más sobresaltos. Hasta el pasado 7 de enero, cuando sufrió el golpe más duro en 45 años de existencia. Para poder reírse de todo y todos, la publicación ha vivido todos estos años sin aceptar publicidad ni subvenciones de ningún tipo. Pero no es fácil mantenerse solo con las suscripciones, por lo que se encontraba como en 1981: a punto de desaparecer. Charlie Hebdo se vio obligado a pedir donaciones a sus lectores a finales de 2014, una llamada de auxilio que se saldó con 200 mil euros de donativos, que definieron como “un sagrado soplo de oxígeno”. Hoy, con 5 millones de ejemplares vendidos y un millón de euros donados por el gobierno francés, la supervivencia de Charlie Hebdo está garantizada.

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