El Mirreynato


 
Lunes, 26 Enero, 2015 04:00 PM

De la costa acapulqueña a la Lacandona chiapaneca. Terminé con “Mirreynato…la otra desigualdad”, de Ricardo Raphael, mi regalo de navidad resulto una buena lectura, me resistí a empezar porque el titulo no me atrajo lo suficiente, pero una vez inicie no pude parar de leer. Sin que el autor pretendiera una obra de sociología científica, tiene el rigor que todo investigador serio le impone a sus trabajos, una narrativa ágil, entretenida, que nos adentra a los modos que ordenan y reproducen el poder que nos gobierna, es el relato de esta época cargada de desigualdad en la que nos tocó vivir, pero desde una perspectiva distinta. A diferencia de la mayoría de los textos, concentrados en explicar la desigualdad social a partir del análisis de la pobreza, Ricardo Raphael prefiere explicarla analizando a nuestra clase dirigente, sus usos y costumbres; su código de valores; el origen y substancia del sentimiento de superioridad con el que se conducen. Se adentra también a las obscuras razones de la condescendencia mexicana con el comportamiento racista, clasista, frívolo, cínico, corrupto, prepotente, exhibicionista, hedonista, de nuestra cúspide social. Como si fuera un déjà vu, hoy me entero de dos noticias íntimamente relacionadas con lo abordado en el Mirreynato: El hijo de Ángel Aguirre será postulado por el PRD a la alcaldía de Acapulco; y el Gobernador “ecologista” de Chiapas abofetea públicamente a su asistente como reprimenda laboral. El primer caso, refrenda cuáles son los verdaderos requisitos de elegibilidad que la dirigencia chucha le impone a los candidatos perredistas, pues al igual que el caso de Abarca en Iguala y después de la desgracia sucedida, sin rubor ni aprendizaje alguno, se pretende postular al que tiene dinero y poder detrás de él, aunque le falte mérito, liderazgo o prestigio y aunque su poder provenga del narcotráfico o de la ignominia política. En el segundo caso, se trata de la develación del verdadero rostro del joven Gobernador, un rostro de quien como buen mirrey, se cree dueño de la vida y dignidad de quien trabaja para él, el rostro de quien no tiene colaboradores sino esclavos. Ambos casos reflejan las convicciones, los valores de quienes viven en el penthouse del edificio social mexicano, que se valoran a sí mismos como parte de una especie humana distinta, superior; que se ufanan de su poder de compra, de su arrogancia; que creen que tiene inmunidad para abusar del otro; que disfrutan de vivir como faraones, rodeados de lambiscones; que desprecian la cultura del esfuerzo y el mérito, e idolatran la fortuna, sin cuestionarse el método para lograrla. ¿Nos merecemos esto los mexicanos? No sé, tal vez. Ricardo Raphael dice que los mirreyes son espejo magnificado de lo que los mexicanos somos, pero cuando ese mexicano se encuentra en la cúspide, los síntomas se acrecientan. Sostiene la hipótesis de que el mirrey no debe ser observado como un síntoma aislado, sino como la principal manifestación de una enfermedad social que hoy recorre México.   Jesús Alejandro Ruiz Uribe fue dirigente del PRD en Baja California, ex diputado local por el mismo partido y actualmente es Rector del Centro Universitario de Tijuana en Sonora. Correo: chuchoruizuribegmail.com

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