Doña Jacqueline Lee Bouvier Kennedy Onassis


 
Lunes, 19 Enero, 2015 04:00 PM

Millones de fotografías le fueron tomadas y publicadas, billones de palabras se escribieron en su honor, aseguro esto, sin el menor rubor o exageración, es sin duda una de las DAMAS, con mayúsculas, más famosa, admirada y reconocida del siglo XX y, sin embargo, el título de “Primera Dama” fue algo que nunca le gustó a Doña Jacqueline “Jackie” Kennedy Onassis. En infinidad de ocasiones, precisó que el mote asignado para la esposa del Presidente de los Estados Unidos, sonaba como el nombre de un caballo de carreras, algo que por cierto, disfrutaba plenamente, el espectáculo de competencia hípica. La primera vez que ganó mi atención fue a mediados de los sesentas. Mi adorada Madre, acostumbraba coleccionar la revista internacional que daba cuenta de la existencia de los más celebres seres humanos del planeta; sus viajes, festejos, bodas, bautizos, funerales y conmemoraciones eran presentados al detalle –en blanco y negro– cada mes, y por alguna razón particular la imagen de la infaltable Doña Jackie, estaba permanentemente presente; grandiosa, magistral, deslumbradora, imperturbable, serena, a veces hasta feliz, regularmente relajada, como flotando, siendo cotidianamente asediada, deseada en su espacio inaccesible e inalcanzable, llena de una luz propia, aun con los acompañantes, los más ricos, poderosos o bellos y bellas que la rodeaban solo como un entorno para iluminar su toma, su escenario, su destino. Hija de un banquero de alto nivel, al divorciarse sus Padres, con el nuevo matrimonio, se convirtió en hijastra de uno de los hombres con mayor fortuna de su País, lo que le permitió desde la adolescencia, acceder a un espacio de privilegios ilimitados, tanto social como educativa y económicamente, graduándose con honores en Artes y Literatura Francesa de la Universidad de George Washington, obteniendo trabajo en el “Times-Herald” de D.C. en 1951 con tan solo 22 años cumplidos. Ahí conoció al joven congresista John F. Kennedy, quien poco después fue electo Senador, y contrajeron matrimonio en el 53 en una preciosa boda celebrada por el Arzobispo de Newport, Rhode Island, a la que concurrieron cerca de mil 200 felices invitados que brindaron por la imponente pareja, a la que se le auguraba un futuro prodigioso, acontecimiento del que guardo una fotografía original en la biblioteca de casa. Los auspicios de bienaventuranza se vieron coronados el 20 de enero de 1961, cuando Doña Jackie estuvo al lado de su esposo al jurar como 35vo Presidente de USA e iniciar una inolvidable y breve estadía en la Casa Blanca, la que transformó plenamente, colmándola de su clase, elegancia y porte aristocrático natural, llenándola de la grandeza y autenticidad que aún prevalece y de la que se convirtió en la anfitriona más apreciada del planeta a la que todos ansiaban visitar. El sueño fue interrumpido, por la sinrazón el 22 de noviembre del 62, cuando su amado marido es ultimado y se convirtió en la viuda de América, papel que desempeñó con gran dignidad y un prestigioso luto que le obligó a cargar y guardar su propio dolor con el mayor estoicismo, pleno de entereza y verticalidad en los momentos más difíciles de subsistencia y, sin embargo, valientemente elevó a un plano superior el orgullo de su pueblo. Después de haber estado casada con el hombre MÁS poderoso del mundo, en 1968 se casa nuevamente, ahora con el hombre MÁS rico del mundo, “El Griego” Aristóteles Onassis, y sus  connacionales que la adoraba hasta la idolatría, se lo reprocharon y Doña Jackie, etérea desde la viudez, siguió como irremediablemente lo hacía,  adelante. La pareja se convirtió en el blanco de todo tipo de publicidad, pero sin duda en la más gloriosa del orbe, donde iban, era el centro del universo, del lujo, de la fantasía, de lo fastuoso, hasta que la viudez la alcanzó nuevamente y se recluyo discretamente. Doña Jacqueline Kennedy Onassis vivió plenamente sus últimos días, rodeada del infinito amor de sus 2 hijos y de la inmensa grandeza que su estela deslumbrante forjó, la de una de las mujeres más emblemáticas e icónicas de la historia contemporánea. Hasta siempre, buen fin.   Carlos Mora Álvarez, es orgullosamente tijuanense. Ha sido servidor público y dirigente empresarial. Actualmente es Presidente Ejecutivo del Consejo Estatal de Atención al Migrante. Comentarios y sugerencias: [email protected]

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