Adiós, Julio Scherer (1926-2015)


 
Cultura Lunes, 12 Enero, 2015 08:00 PM

“Si el diablo me ofrece una entrevista, voy a los infiernos”, dijo Don Julio Scherer García en abril de 2010, cuando contó el encuentro que sostuvo con Ismael “El Mayo” Zambada, uno de los líderes del Cártel de Sinaloa. Aquel mes, el maestro periodista cumplía 84 años y dictó cátedra sobre el oficio de reportero al que arriesgó su vida al grado de ir hasta “la guarida del Mayo Zambada”, tal como tituló Proceso el domingo 4 de abril de 2010. Aunque acudía esporádicamente a la redacción de Proceso, poco a poco su salud se fue deteriorando. Se sabía que estaba muy enfermo, tanto que ya no recibía a nadie, salvo a su familia. El fallecimiento de Don Julio, el miércoles 7 de enero de 2015, sucedió apenas un mes y cuatro días después de la muerte de su amigo y cofundador de la revista Proceso, Vicente Leñero, ocurrida el miércoles 3 de diciembre de 2014. La lamentable noticia que se esparció en cuestión de segundos por el mundo virtual fue dada a conocer por Proceso a través de su portal de internet: “Esta madrugada, alrededor de las 4:30 horas falleció el periodista Julio Scherer García. El fundador de Proceso, murió de un choque séptico. Llevaba poco más de dos años enfermo, principalmente de problemas gastrointestinales. En abril, cumpliría 89 años. El 17 de octubre pasado hizo lo que sería su última visita a la redacción que tanto amó”, reportó Alejandro Caballero en Proceso. Y tal como lo advirtió la publicación al dar a conocer el acontecimiento, sus funerales se llevaron a cabo en una ceremonia privada ese mismo día por la tarde, en el Panteón Francés, adonde acudieron a despedirlo familiares y amigos como Carmen Aristegui, Rafael Rodríguez Castañeda y José Narro, por citar algunos. Una biografía insuperable Julio Scherer García nació el 7 de abril de 1926. Realizó estudios de Filosofía y Derecho, pero lo suyo era el periodismo. A sus 20 años empezó reporteando, en 1946, en Excélsior, donde informó sobre política, luego fue jefe de información, auxiliar de dirección y, el primero de septiembre de 1968, a sus 42 años, asumió la dirección de ese diario. El 6 de junio de 1976, el gobierno de Luis Echeverría asestó un durísimo golpe a Scherer, despojándolo de la dirección de Excélsior, por lo que su olfato y visión de periodista lo condujo, junto a Vicente Leñero y otros reporteros que lo secundaron, a fundar la revista Proceso el 6 de noviembre de ese mismo año, dirección general que mantuvo hasta el 6 de noviembre de 1996. También fue fundador de la revista Plural en 1971, que dirigió Octavio Paz. Esta cronología de hechos quedó asentada en el libro “Los Periodistas” que Vicente Leñero escribió en 1978, para dar testimonio de cómo, desde el cuarto poder, fue posible moverle el piso a Luis Echeverría Álvarez, un Presidente totalitario y claro protagonista del Estado criminal mexicano que asestó un golpe a la libertad de expresión directamente para borrar del mapa periodístico a Scherer y su equipo de periodistas, entre los que también figuraban Miguel Ángel Granados Chapa, Carlos Monsiváis y Elena Poniatowska. En cuanto a distinciones por el mundo,  Don Julio Scherer mereció el premio Maria Moors Cabot en 1971, fue designado Periodista del Año por Atlas World Press Review de Estados Unidos en 1977, le fue concedido el Premio “Manuel Buendía “en 1986 y rechazó el Premio Nacional de Periodismo en 1998. Asimismo, en 2002 fue distinguido con el Premio Nuevo Periodismo de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano “Gabriel García Márquez”. En 2006 fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Guadalajara y, apenas en marzo de 2014, recibió los mismos honores en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Su extensa bibliografía incluye títulos como “La Piel y la Entraña” (1965), “Los Presidentes” (1986), “El Poder: Historias de Familias” (1990), “Salinas y su Imperio” (1997), “El Indio que Mató al Padre Pro” (2000), “El Perdón Imposible” (2005), “La Pareja” (2006), “La Terca Memoria” (2007), “Allende en Llamas” (2008). Fundamentales para entender esta época: “La Reina del Pacífico” (2008), “Secuestrados” (2009), “Historias de Muerte y Corrupción” (2011), “Calderón de Cuerpo Entero” (2012), “El Dolor de los Inocentes” (2012), “Vivir” (2012), “Máxima Seguridad” (2012), “Octavio Paz: Una Vuelta a su Vida” (2012), “Los Presidentes” (2012) y “Niños en el Crimen” (2013). El encuentro periodístico con “El Mayo” Histórica resultó la fotografía que mostraba a Don Julio Scherer abrazado por el hombro por el narcotraficante Ismael “El Mayo” Zambada en 2010, en la edición 1744 de Proceso, del 4 de abril de ese año. El título rezaba: “Julio Scherer García. En la guarida del Mayo Zambada. Crónica de un encuentro insólito”. En interiores, Don Julio contaba los pormenores de su encuentro con el compadre de Joaquín “El Chapo” Guzmán: “Un día de febrero recibí en Proceso un mensaje que ofrecía datos claros acerca de su veracidad. Anunciaba que Ismael Zambada deseaba conversar conmigo. “La nota daba cuenta del sitio, la hora y el día en que una persona me conduciría al refugio del capo. No agregaba una palabra. “A partir de ese día ya no me soltó el desasosiego. Sin embargo, en momento alguno pensé en un atentado contra mi persona. Me sé vulnerable y así he vivido. No tengo chofer, rechazo la protección y generalmente viajo solo, la suerte siempre de mi lado. “La persistente inquietud tenía que ver con el trabajo periodístico. Inevitablemente debería contar las circunstancias y pormenores del viaje, pero no podría dejar indicios que llevaran a los persecutores del capo hasta su guarida. Recrearía tanto como me fuera posible la atmósfera del suceso y su verdad esencial, pero evitaría los datos que pudieran convertirme en un delator. “Me hizo bien recordar a Octavio Paz, a quien alguna vez le oí decir, enfático como era: ‘Hasta el último latido del corazón, una vida puede rodar para siempre’. “Una mañana de sol absoluto, mi acompañante y yo abordamos un taxi del que no tuve ni la menor idea del sitio al que nos conduciría. Tras un recorrido breve, subimos a un segundo automóvil, luego a un tercero y finalmente a un cuarto. Caminamos enseguida un rato largo hasta detenernos ante una fachada color claro. Una señora nos abrió la puerta y no tuve manera de mirarla. Tan pronto corrió el cerrojo, desapareció”. Don Julio Scherer narró solo una parte de aquel encuentro con Zambada, dejando entrever en su texto la posibilidad de la publicación de un libro que finalmente desembocó, al siguiente año, en el título “Historias de Muerte y Corrupción. Calderón, Mouriño, Zambada, El Chapo, La Reina del Pacífico” (Grijalbo, 2011). En su entrega periodística, Don Julio abunda un poco más en los pormenores de aquel encuentro con el narcotraficante del Cártel de Sinaloa, aunque confesó que nunca se concretó la promesa del narcotraficante de una entrevista grabada, que era finalmente lo que solicitaba el periodista, de aquel acontecimiento quedó “Historias de Muerte y Corrupción” y la controvertida fotografía con “El Mayo”. Su último libro Las terribles secuelas de la guerra contra el narcotráfico emprendida por el gobierno de Felipe Calderón en diciembre de 2006, permeó la bibliografía de Scherer hasta el último libro publicado: “Niños en el Crimen” (Grijalbo, 2013). Uno de los acontecimientos que trastocó a Don Julio fue el sonado caso de Edgar, “El Niño Sicario” de Morelos, también conocido como “El Ponchis”, que a sus 14 años “saltó” a la fama por degollar a víctimas del Cártel Beltrán Leyva. “¿Qué oculta el alma del niño asesino?”, fue la pregunta premisa de Don Julio Scherer García que lo llevó a realizar una investigación sobre los menores metidos de pistoleros en el crimen organizado. El resultado en “Niños en el Crimen” es una rigurosa documentación de más de 40 casos de adolescentes criminales, a través de entrevistas a menores de edad encarcelados por delitos bárbaros a esa edad, como los homicidios. “A través de entrevistas y documentos penales, el autor narra las impactantes historias de una generación perdida que parece no tener futuro y que ha sustituido los juegos infantiles por armas mortales: se trata de menores de edad que han sido ignorados tanto por la sociedad como por el gobierno, y que han encontrado en la delincuencia la única forma de sobrevivir”, exponen los editores. Poniatowska: “Julio fue un gran amigo, un hombre íntegro” Las reacciones ante la muerte de Julio Scherer García pronto inundaron las redes sociales tanto en México como en el mundo. Para empezar, Elena Poniatowska comentó en entrevista con ZETA sobre los vertiginosos eventos fúnebres de Don Julio Scherer en el Panteón Francés, el mismo día de su fallecimiento: “Lo enterraron a una velocidad supersónica, porque yo quise ir, él murió a las cuatro y pico de la mañana, y a la una (de la tarde) ya se había consumado todo en el Panteón Francés”. Poniatowska recordó que hacía apenas tres meses, Julio Scherer la visitó en su casa, sin saber que sería como una despedida: “Nos veíamos, comíamos de vez en cuando, era amigo no solo mío, sino de mis hijos. Julio Scherer fue un gran amigo, un hombre íntegro, un gran luchador social. Pues vino aquí a la casa, aquí lo querían mucho mis hijos, fue como hace tres meses, aquí comió, a él le gustaba con muy poca gente, es que éramos los que quedábamos; ahora ya nada más quedamos Vicente Rojo y Manuel Felguérez, ya todos se murieron”. Poniatowska evocó también la muerte de Vicente Leñero, sucedida el 3 de diciembre último, periodista cofundador junto a Scherer García de la revista Proceso: “Yo creo que ni siquiera se enteró Julio porque ya estaba muy enfermo, y como lo quería tanto, no sé si le dijeron que se había muerto Leñero”. La ganadora del Premio de Literatura en Lengua Castellana “Miguel de Cervantes” 2013 contó a este Semanario cómo conoció al entonces joven Julio Scherer García cuando él tenía 27 años y ella 21: “Yo lo conocí en Excélsior en 1953, él era un joven reportero con Manuel Becerra Acosta, y era muy dinámico, muy apasionado. Trabajaba mucho, recuerdo que juntos fuimos a Cuba y él se quedó toda la noche sin dormir, esperando que Fidel Castro le diera una entrevista, era muy apasionado; él, por lo que luchaba, era por la noticia”. Autora de su más reciente libro “El Universo o Nada. Biografía del Estrellero Guillermo Haro” (Planeta, 2013), Poniatowska también rememoró el despojo de la dirección de Excélsior a Julio Scherer el 6 de junio de 1976, por parte del entonces Presidente de México, Luis Echeverría: “Nos llovió muchísimo, y pues nos apresuramos para ver si se podría fundar Proceso”. Finalmente, Poniatowska valoró el periodismo practicado por Scherer García: “Bueno, es de un periodismo totalmente alejado del gobierno, un periodismo que no era lambiscón como anteriormente, no era un periodismo servil como se hacía de elogios a todos los actos de gobierno, sobre todo a las acciones del PRI, sino un periodismo ya crítico y un periodismo de investigación. “La muerte de Julio Scherer es una pérdida enorme, porque era un muro de contención contra el gobierno corrupto desde Excélsior; él, siendo director, ya había habido un cambio, es un hombre que vivió para el periodismo. Estoy bien triste porque no solo muere un periodista, sino un luchador social, y además, alguien que sabías que era limpio; ahora no sé quién queda”. Javier Sicilia: “Scherer ha dejado una gran escuela de la verdad en medio de un mundo de mentiras” El poeta Javier Sicilia también compartió con este Semanario algunas reflexiones ante el fallecimiento de Julio Scherer García. Para empezar, dijo que “como todos los grandes hombres, Scherer nos deja muy solos en medio de esta oscuridad, esta corrupción del poder, de esta maldad en la que está envuelto México contra la que siempre combatió y contra la que dejó un periodismo basado en la investigación, en la búsqueda de la verdad; y pues es una pérdida irreparable, como la pérdida de todo ser humano”. El autor del poemario “Vestigios” (Ediciones Era, 2013) también relató a ZETA cómo inició su relación con Don Julio y cómo empezó a escribir sus columnas en la revista Proceso: “Fue al principio de los 90. Un día me llaman de Proceso, estaban renovando un poco la plantilla, metiendo gente joven y habían decidido entre varios que yo participara como colaborador, como analista, había estado publicando en Siempre!, en Unomásuno y en muchos de ésos había hecho reflexión política; entonces me invitaron, fue así como llegué”. El poeta recuerda que “la primera entrevista que tuve fue con Froylán López Narváez, que todavía estaba en Proceso, y después me entrevisté con Scherer. Fue un encuentro, pues, muy grato, muy asombroso, muy fascinante, Scherer era un gran seductor, un hombre que provocaba una inmensa fascinación, una inteligencia muy vívida, pero además muy profunda, muy atenta esa inteligencia a lo que decía el otro”. El ganador del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2009 por “Tríptico del Desierto”, (FCE, 2009), compartió: “Una anécdota que recuerdo, ya que hablamos de cuando me contrataron: estábamos hablando y Scherer me preguntó qué opinaba de Proceso; le decía: ‘Magnífica, creo que es una de las mejores revistas de análisis y reportaje político’; sin embargo, le dije, ‘a veces la siento un poco amarillista’. Se volteó y se me quedó mirando, con su mirada inquisitoria y me dice: ‘Qué quiere, Don Javier’, siempre hablaba de Usted, ‘¿si la realidad es amarilla, usted la ve de otro color?’. Tenía razón, la simulación, la corrupción, la oscuridad, la realidad siempre ha sido amarilla, catastrófica, tal como la que estamos viviendo ahora”. Sicilia también evocó que con Scherer tuvo “una relación profunda, a veces difícil, a veces no estábamos de acuerdo, no entendió, a veces, por ejemplo, la idea del Movimiento por la Paz, mis besos, no los comprendía por más que le explicara, mi crítica a Andrés Manuel fue muy confrontada. “Fue una relación muy íntima, al final, poco antes del asesinato de mi hijo nos reuníamos suficiente Leñero, Scherer, el Padre Maza y yo a hablar sobre la muerte, un tema que les empezaba ya a inquietar y fueron conversaciones muy íntimas, muy fascinantes. Me permitió entrar en el corazón más profundo de Don Julio, pues eso hablaba de la amistad que nos unió a pesar de las diferencias”. Finalmente, el autor de “Viajeros en la Noche”, publicado en 1999 y reeditado en 2014 por Penguin Random House, valoró el legado periodístico de Don Julio: “Algo que no estaba, lo cual es incomprensible, en el periodismo moderno, el periodismo de ahora, es el reportaje de investigación, la fidelidad a la verdad, esa lucha contra todo poder, sus abusos, sus horrores, sus simulaciones. Scherer ha dejado una gran escuela de la verdad en medio de un mundo de mentiras, Scherer ha dejado la herencia de mantenernos en esa lucha pese a lo que sea”. (Enrique Mendoza Hernández/ZETA) Lorenzo Meyer: “Estando en medio de un sistema tan corrupto, él no se corrompió” Otro de los intelectuales que compartió con ZETA sus reflexiones tras la muerte de Julio Scherer, fue el doctor Lorenzo Meyer; quien resaltó el sistema al que el periodista sobrevivió: “Quiero empezar y centrarme en un tema: Don Julio se formó como periodista y escaló hasta llegar al punto más alto, que es la dirección de un periódico, todo dentro de un sistema político que no era democrático; esto quiere decir que el entorno en el que él se formó le alentaba, casi le demandaba un tipo de conducta que fuera acorde con la naturaleza del sistema, que le fuera funcional al sistema”. El autor de “Nuestra Tragedia Persistente. La Democracia Autoritaria en México” (Debate, 2013), comparó: “La mayoría de las personas estaban en la misma condición que Don Julio, entendieron rápidamente las reglas, las siguieron y, bueno, dependiendo en buena medida de su inteligencia, de su capacidad y de sus conexiones, pues encontraron la manera de obtener ganancia. Lo interesante de la personalidad de Julio Scherer, es que estando en medio de un sistema tan corrupto, él no se corrompió”. Profesor emérito de El Colegio de México (COLMEX) y miembro del Sistema Nacional de Investigadores del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), Meyer reconoció que Scherer “era disfuncional al sistema y en cierto sentido disfuncional a sí mismo, y, sin embargo, logró (ésa es una muestra de capacidad, de inteligencia), mantener su brújula ética y no ser destruido por el sistema, aunque en 1976, el choque directo con Echeverría lo echó de Excélsior. En esa coyuntura crítica, él pudo y supo volver a recuperar el balance y volver con otra institución, esta vez con la revista Proceso, volver a posicionarse dentro del mimo sistema para seguir haciendo su tarea. “Entonces, esta parte lo hace a Don Julio particularmente interesante, porque pudiera haber sido una persona con una estructura ética moral que se mantuviera dentro de ella y entonces el sistema lo aplastaba, pero pudo hacer las dos cosas; demostró que sí se podía, no tenía una ideología política muy clara y yo creo que ni la necesitaba, eso le ayudó. “Tenía una flexibilidad ideológica, pero una flexibilidad moral, en ésa no había flexibilidad y por eso pudo estar en las dos líneas, ser capaz de entender e incluso usar el propio sistema para hacer un buen periodismo, pero como estaba claro en su línea ética, eso le ayudó a mantener el norte siempre. Y ya, de acuerdo a las circunstancias especiales, el día a día, el sexenio a sexenio, podía más o menos saber cómo llevarse con el sistema para que no lo aplastara, pero sin rendirse al sistema”. El reconocido historiador valoró el legado de Don Julio Scherer: “Es difícil para mexicanos que sean figuras públicas mantener la dignidad, pero el legado es que sí se puede si se quiere, si se tiene inteligencia, pero sobre todo si se tiene voluntad; pero si se pudo en las peores condiciones, bueno, se puede en otras más benignas, claro, no quiere decir que estemos en una situación más benigna, yo no sé en qué situación, pero si él lo pudo hacer, otros lo pueden hacer”. Para concluir, Lorenzo Meyer sentenció: “Julio Scherer era un buen periodista, pero ser buen periodista en un sistema tan corrupto, vaya que sí es un logro, es una hazaña histórica para el periodismo mexicano”. (Enrique Mendoza Hernández/ZETA)

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