Músicos de bar


 
Lunes, 22 Septiembre, 2014 03:00 PM

Con algo de la música taca taca que tocábamos en una cantina de Caléxico, emulando “La Caverna” de Los Beattles Ya le he contado aquí que teníamos un grupo norteño llamado Los Macuaches o The Macuache Sound Machine. Tocábamos principalmente norteñas bonitas, de Ramón Ayala, Cadetes, Alegres de Terán, Carlos y José… De repente del Piporro, Tin Tan, Cornelio, Chalino. “Feliz momento en que tus ojos, en los míos se posaron… en ese instante se embriagaron con las copas del amor… pálida estaba la luna… se reflejaba en tu frente, como perla reluciente, como los rayos del sol”. (Chalino, pero valseada) Una que otra jarocha. “El Querreque”, “Tilingo Lingo”, “Con bombas y toda la cosa”. No, no… la neta estábamos perros. También de Luis Pérez Meza –yo me aventaba con “El Barzón”, completita a pura memoria– Los Corpus con “Los Vergelitos”, “El Quelite”… El Dan Zaragoza Beattle 100%, con algo de Piporro y su favorita norteña “La Cosecha”. Y no podían faltar las clásicas y más exitosas de José Alfredo, que prendían a la raza. Ese tipo tan especial que próximamente le dedicaremos una Cochimacuaz completa… porque, qué manera de decir las cosas, qué combinación de alcohol, amor, poesía, música, soberbia y humildad. Todo lo mencionaba por su nombre sin perder lo poético. Qué manera de ser “un rey sin dinero, trono ni reina… ni nadie que lo comprenda”. “Al sentirme un poquito tomado pensando en tus ojos me dio por cantar…” Por cierto, mi compañero y acople Cándido Lugo, alias “El Pipiolo”, se aventaba “El Rey” en inglés; tangos, rock, Serrat, boleros y de todo y bien. Un estuchito el buey. Llegó borracho el borracho En una de esas pachangas improvisadas, nos vio el dueño de la cantina 111 One Eleven de Caléxico, cuyo nombre procede de ser la Calle Imperial, pero continuación del Freeway 111. Luego-luego nos tiró el sablazo. –Muchachos, vayan a tocar a mi cantina… miren, no sale pa’ pagarles, pero pueden tomar toda la cerveza y toda la botana que quieran. Se nos salieron litros de baba (las buds en aquellos años no pasaban pa’ México y eran carísimas) al tiempo que le decíamos: –Ooooorale, Chava, ya vas; ahí te caemos mañana mero. “En donde te hallas mi hermosísimo Luceeeero… a quien estás iluminándole la vida…” Tachún tachún. Llegando y llegando bien peinados, bien planchados, El Macuache fue un éxito. Se corrió la voz que había taca taca en el One Eleven y se llenó al grado que el Chava tuvo que sacar cajas vacías de plástico duro, pa’ que la raza se pudiera sentar. “Bonita finca de adobe…” tachún tachún… se armó el ambientazo. (Parroquiano): –¿Por cuánto me toca “Me caí de la nube”, mi buen? (Lyon) –Por nada, compa; es gratis. (Parroquiano) –¿¿¿Queqqqqqqqqqqq  queeee??? ¿Graaaatis? (Lyon) –Síganme Macuaches… “Me caí de la nube quiandaba… como a 20 mil metros de altura…” (Parroquiano) –Ah jíjuela… Ya ven en EE.UU. creen que nada puede ser gratis. (Parrouiano2, albureando): –Toócame “Las Palomas”. (Lyon) –Nomás me sé la introducción. (Parroquiano 2) –Hijo de su maiz paloma. Ese compa… no sabía que éramos profesionales del albur. Las propinas no faltaban… 1 dólar… 2, 5 dólares. Algo siempre caía, al final hacíamos cuentas y repartíamos. Pasaron algunos meses… lo normal éramos 4, siempre faltaban 2-3 pero como éramos todólogos no había problema, además de que no se trataba de parecer rondalla. Los aduanales gringos nos sonreían y nos dejaban pasar con los instrumentos. Ya eran compas, y al rato le caían por allá. Un bato, menesteroso, de esos que andan pidiendo traguitos en las cantinas se nos pegaba pa’ gorrear y nosotros bienvenido. Era simpático, hagan de cuenta “El Chómpiras” de Chespirito, hasta en el hablado. Nos caía bien el bato, por solo, y humilde. Cada tarro que le dábamos lo agradecía con un –gracias, muchachos, muchas gracias (voz aguardientosa, del Chómpiras). Le decían “El Grillo” y llevaba años de pedigüeño en esa cantina muchísimo antes que nosotros llegáramos. Chava, el cantinero, feliz… el changarro lleno, las chicas ya bien compas, en friega sirviendo jarras de buds y coors a lo canijo. La raza filera, rodina, obreros asoleados, inllenables. No broncas, neta que la música apacigua rencores. Y muchos claps claps en cada rola. La neta, los tiempos más felices de mi vida… Por fin era lo que siempre quise: músico de bar. Qué diferencia con la presión interna y soledades a que te someten los monos. Ahí en Caléxico, pueblito Dukes de Hazzars, asoleado a 120 grados, nos hicimos amigos de jefes de policía, migras, gerentes, alcaldes, pachucos, ratas, coyotes, todos conviviendo en una cantinita oasis del calorón, llamada 111. De aquí hay 2-3 anécdotas, acerca del Grillo y otra con el sargento de policía, pero por el espacio se acaba y.. Fin… finito….f…. continuará. P.D. (Parroquiano 3) –5 bolas si me tocan “El Rey”. (Pipiolo, intercambiando miradas con Los Macuaches) –¿La versión original o la nueva versión? (Parroquiano, todo destanteado con cara de ¿whats?) –No pos… ¡la original! –Sale: “Era un rey de chocolate con nariz de cacahuate y a pesar de ser tan dulce tenía amargo el corazón….. chun tata, chun tata, chunnnn Plooooooooop!!! Hijos de su maiz paloma!!!   Lyon

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