Malabares


 
Cartaz Lunes, 1 Septiembre, 2014 03:00 PM

Comenzó el romance entre mi amigo y afrodita. Eran el sol y la luna entrelazándose en un idilio amoroso. Como en toda historia de amor aparecieron los obstáculos que impedían que fluyera la llama de su amor. El primero en salir a escena fue un ángel maldito que les robaba la voz y reinaba un silencio tenebroso que los hacía enmudecer. Luego aparecieron los habitantes del pueblo de conducta izquierdista, seres especiales por su capacidad reflectora de la luminosidad del amor entre mi amigo y afrodita, y finalmente hicieron su arribo las mujeres del pueblo con un sueño de una noche de verano. Me confesó mi amigo que hasta el día hoy, le cuesta trabajo concentrase en los hermosos ojos verdes de afrodita sin suspirar, sin decirle cuanto la quiere y contenerse de abrazarla y besarla en ese momento. Sin embargo está plenamente consciente que el romance debe solventar los obstáculos escabrosos antes de consumarse. Afrodita en su belleza comenzó con la creación de una variedad de grapas que hasta el día de hoy han sobrevivido. Un día de primavera mientras servía una margarita de tamarindo se puso con agilidad, creatividad y belleza un trapo color rosa en su cabellera castaña clara, bien peinada. Otro día soleado se puso sobre su cabecita que encierra ese inagotable universo de creatividad un manual, luego con destreza lo abrió hacia arriba y después hacia abajo. Mientras tanto, los habitantes del pueblo con conducta izquierdista observaban atentos las señales amorosas de afrodita, negando todo antes de que mi amigo leyera con su divina habilidad su significado, para después aceptarlo tergiversándolo como suelen actuar. El ángel maldito daba bailes y brincos tratando de atrapar a mi amigo por sorpresa, y éste con habilidad de torero lo envolvía, el espíritu impuro quedaba atrapado como rata de laboratorio en un laberinto. Curioso fue el actuar de las mujeres del pueblo con un sueño de una noche verano. Primero ayudaron a mi amigo para que no cayera fulminado de un ataque de risa, provocado por los embates del ángel caído, hasta que un buen día se dieron cuenta de la hermosura del eclipse solar y todas quisieron la fortuna de luna, estar encendidas por el fuego incandescente del sol. Con una asombrosa destreza, afrodita tomó la iniciativa y rompió el silencio una inolvidable tarde, sentadita en una banca de pino verde en la estación, cruzando sus suculentas piernas y con sus zapatitos de tacón, comenzó el eclipse lunar, que encendió el fuego del amor de mi amigo y como una lluvia abundante fertilizó su bosque de coníferas. Impávidos los observadores permanecieron en silencio. Los habitantes del pueblo con conductas izquierdas esperaban el momento en el que el espíritu impuro interrumpiera el idilio amoroso, entraba y era rechazado, regresaba y nada, la creatividad de afrodita y la fuerza de la unión que se consumó ese día memorable, impidieron la interrupción. Las mujeres del pueblo con el sueño de una noche de verano quedaron perplejas ¿Cómo? ¿Qué paso? Atónitas no supieron cómo actuar. Los primeros días abrazaban y felicitaban a afrodita y continuaban apoyándola en su romance épico con mi amigo. Todo era celebración, dicha, una fiesta, a pesar de los obstáculos infranqueables, piedras en el camino lanzadas con temor por los hombres del pueblo con tendencias izquierdistas y de tener como enemigo del romance, nada más y nada menos, al que busca sin descanso la muerte de mi amigo… triunfó el amor. Pasaron los días y las mujeres con sueño de una noche de verano cambiaron intempestivamente, con esa intuición femenina, iniciaron cada una su propio romance con mi amigo usando las tácticas creativas de afrodita.   José Antonio Cortés Guedea Correo: josecortes601@gmail.com

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