Los cañones de agosto, 1914


 
Cartaz Lunes, 1 Septiembre, 2014 03:00 PM

Lo poco que quedaba del orden cristiano en el mundo fue finiquitado por el apocalíptico “experimento” de la Primera Guerra Mundial. “Experimento” que consistió en provocar y prolongar el genocidio de 10 millones de personas, de 1914 a 1918, para desquiciar espiritualmente a la gente; claro, con la ayuda de todas las literaturas, pinturas, músicas e ideas modernistas, de los Picassos, Kafkas, Hermans Hesses, Freuds et al. Esta guerra hizo posible la apocalíptica destrucción y genocidio de la robo-lución anti-Rusia. Hizo posible que los británicos bloquearan a Europa, causando, tan sólo en Alemania, 800,000 víctimas de la hambruna, en menos de un año. Sin la orquestación de todos los agentes de Rothschild, en todos los gobiernos, la guerra no hubiera ocurrido, o, –con toda seguridad– durado al máximo un año. El estratega inglés J.F.C. Fuller afirma, entre muchos otros, que la robo-lución “rusa” fue autoría de los plutócratas de su país (Military History of the Western World, 3 vols). El resultado de la Segunda Guerra Mundial sólo confirmó y agravó a la enésima potencia los resultados de la Primera. Fue la implantación de un neo-paganismo que se hizo grotesco a partir de la revolución sexual de los 1960’s. El satanismo franco y abierto empezó a principios de los 1970’s. Ahora lo tenemos a todo pasto en los horrores de monstruos, “Transformers” y de otro tipo en la tele; también la pornografía, que es el anzuelo más efectivo de Satanás, alentada y promovida por sus siervos en las judicaturas “liberales”, robo-lucionarias. Se ha hecho mucho énfasis en la Segunda Guerra por su marcado carácter ideológico que tuvo la personalidad de Adolfo Hitler, de quien el mundo no se cansa de él en libros, revistas, la tele, etc., mientras que a sus enemigos, Stalin, Churchill, Roosevelt, Eisenhower, la mayoría de los jóvenes de ahora ni han oído hablar de ellos. Lo mismo de sus amigos Mussolini, Franco, para no hablar de los aún menos conocidos mariscales Antonescu de Rumania, Mannerheim de Finlandia, el almirante Horthy de Hungría y otros de menor talla. En contraste, los protagonistas de la Primera Guerra Mundial fueron, que yo sepa sin ninguna excepción, un montón de ineptos, de personalidades grises, muchos verdaderamente ignorantes, como Lord Grey, ministro del Foreign Office, a quien los franceses llamaban “le diable anglais”. Estos tipejos llevaron a sus respectivas naciones al suicidio. Además que se ha dicho, con gran inexactitud, que la Primera Guerra Mundial fue para ver quién dominaba Europa. Fue para crear una sociedad sin Dios. En México esto fue logrado por la robo-lución anti-mejicana, por el comunismo cardenista y por la revolución sexual que se da a partir de la imposición de la pornografía con el agente de la CIA, Luis Echeverría. Después de Napoleón el pueblo más competente ha sido el alemán, a quienes les da por buscar “lo imposible”, para lograr lo posible, dicen ellos. Y a menudo lo han logrado. El famoso plan del mariscal Schlieffen fue uno de esos casos, sólo que resultaría ser uno de los mayores errores de la historia, junto con otros planes todavía más demenciales por parte de los imperialistas pan-eslavos rusos, los revanchistas franceses. Los líderes británicos parece que eran los únicos que con crueldad, al parecer sin límites, sabían lo que hacían e impusieron su política de exterminar a los pueblos de Europa, incluyendo a los mismos ingleses. Con razón el almirante “Jackie” Fisher dijo que mandar tropas inglesas a Francia, a enfrentarse con el ejército alemán, era una “idiotez suicida”.   Carlos Trujillo Chihuahua, Chih.

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