Guten Tag (buen día) Ramón


 
Lunes, 15 Septiembre, 2014 03:00 PM

Tal vez el título no vende bien esta interesante propuesta del director mexicano Jorge Ramírez Suárez coproducida con Alemania, porque no estamos acostumbrados a relacionar a los consaguíneos con la cultura germana. En sí, la película no se trata de eso, aunque sí hay en la historia un intercambio cultural que dista de ser azaroso, entre Ramón (Krystian Ferrer, mejor conocido como “El Diablito” de la cinta “El Infierno”) y Ruth (Ingeborg Schoner). Estos dos personajes son polos opuestos: él es un muchacho de un poblado polvoriento y miserable de Durango que tiene sobre sus hombros la responsabilidad de cuidar a su abuela (Adriana Barraza) y a su madre (Arcelia Ramírez). La anciana le pide que lleve dólares a la casa, o que de plano trabaje para el narco, que tiene la árida localidad en un puño. Pero ya van cinco veces que Ramón intenta cruzar ilegalmente a Estados Unidos y lo regresan. Por otro lado, no quiere enredarse en el crimen organizado. A raíz de la última experiencia con los “coyotes” y la “migra” -que casi le cuesta la vida-, el joven toma el consejo de un amigo y mejor dirige su futuro hacia Alemania, con la promesa de encontrar allá a una familiar de su “compa”, a la que le está yendo de las mil maravillas. Con este giro, la película evita los lugares comunes de la relación México-Estados Unidos y plantea de una manera fresca lo duro que es ir a un país en el que ni siquiera se conoce el idioma, así a la brava, empujado por una realidad que le da significado a la palabra “necesidad” en el México de hoy. Hasta aquí llegamos con la historia que se disfruta y mucho, en gran medida por  Krystian Ferrer, un actor todavía adolescente -tiene apenas 19 años- que lo dice todo con gestos, porque en gran parte de la película no puede hablar, mientras se abre paso en las calles nevadas de un poblado a orillas del río Rin. Esa convivencia con Ruth, una anciana que en su dulce sonrisa aún concentra las memorias de su infancia en el nazismo es un deleite, en particular porque entendemos por qué le da refugio a este chico en su sótano. Lo mismo hizo su padre con una familia judía, y ese acto de humanismo le costó la vida. La tienda, la estación de trenes, esa calle donde Ramón primero pide limosna y el edificio para personas de la tercera edad al que va a dar se quedan en la memoria de un filme que se sale de lo obvio y, salvo algunas escenas un tanto forzadas -por ejemplo, la del burdel-, sorprende por la capacidad que hay para evitar lo obvio y hacer una propuesta fresca, bien construida, muy sentida y con un trabajo actoral que francamente llama mucho la atención y para bien. *** y media.   Punto final.- Lo malo es que ya ponen el tráiler de la cinta biográfica de Gloria Trevi en el cine…

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