Don Carlos Humberto Trujillo Altamirano


 
Lunes, 15 Septiembre, 2014 03:00 PM

Lo recuerdo desde niño. A nuestras respectivas familias las unen sólidos y entrañables lazos afectivos, de suyo, mis adorados Padres mantienen con él y su distinguida esposa una de las amistades más añejas de las que tengo memoria. Y sin embargo, no fue sino hasta los noventas del siglo pasado cuando se trasladó –por cuestiones laborales– a Mazatlán la tierra de mi progenitor, que tuve oportunidad de tratarle plenamente, conviviendo con mayor cercanía con el Señor Licenciado Don Carlos Humberto Trujillo Altamirano. Hace algunas semanas coincidimos en el desayunador con la mayor concurrencia de lujo en la Ciudad, me dio un enorme gusto saludarle, abrazarle acompañado de los hijos y nietos, engalanada la mesa con la elegante presencia de su Señora. Don Carlos ha realizado una carrera brillante, ejemplar, me permito asegurar, dentro del Poder Judicial de la Federación. Su fructífera como longeva trayectoria ha hecho escuela durante las cuatro décadas pasadas, en las que ha preponderado su prestigio personal, su imagen de sobriedad y la ética de un hombre de leyes que intachable cumple con la máxima de la impartición y procuración de justicia a cabalidad, caso de excepción que merecería ser lo cotidiano para beneficio de la totalidad de la población y que dio inicio en 1975, cuando es nombrado Juez de Distrito del Estado de Baja California, después de haber actuado primeramente como Actuario y Secretario del Juzgado Distrital. A menos de 24 meses de cumplir las bodas de oro de su graduación como Abogado de la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM, donde se recibe en junio de 1966 como Licenciado en Derecho con la tesis “Recursos de los administrados frente a la administración pública”, en el año 85 siendo Magistrado Presidente del Tribunal Superior de Justicia de nuestra entidad, fue condecorado con “La Distinción de la Medalla de Honor” por El Colegio de Defensa Nacional de nuestro País; como jamás nos cansaremos de escribir, los hijos adoptivos de esta bendita tierra, resultan por antonomasia los de mayor arraigo, entrega y cariño, como lo muestra el rico abolengo de Don Carlos, quien nació en el Distrito Federal el 7 de Mayo de 1941, producto del infinito amor de sus queridos Padres Don Belisario Trujillo –ejemplar Vista Aduanal– y Doña Margarita Altamirano –Virtuosa Reina de su hogar–, a los que tuve la enorme fortuna de conocer, así como a sus hermanos –apreciados amigos todos– Rafael (que nació el mismo día, mes y año que mi Padre), Arturo y Carmen. Mención por demás sentida deseo resaltar para la respetable e íntegra familia que fundó con el amor de toda su vida, Doña Pilar Navarro de Trujillo y que ha sido coronada con productivos hijos; Claudia, Licenciada en Diseño Gráfico, así como Gloria y Carlos, que siguieron los pasos del jefe de la casa como esforzados Postulantes del Derecho, que hasta hoy los han bendecido con 4 nietos que son su mayor alegría y orgullo. De impecable trato personal, tan amable como serio, obsequia incondicionalmente palabras de afecto para todos los amigos que tiene por centenares, siendo reconocido como un funcionario público que ha hecho del servicio a los demás su mejor carta de presentación. Actualmente se desempeña como Magistrado de Circuito en nuestro Estado con cabecera en Mexicali, previo a haber ejercido su magisterio en entidades como Chiapas y Sinaloa donde dejó muestra clara y eficiente de su extraordinario desempeño profesional. Don Carlos Humberto Trujillo Altamirano es un hombre cabal, pleno y realizado que aún tiene mucho que dar como Jurista de talla internacional y como Maestro de infinidad de generaciones que en él tienen una figura de la que aprender y sobre todo a la que emular cuando de probidad, igualdad y equilibrio se trata de plasmar, gracias a las lecciones en las aulas, así como en la vida que ha sabido impartir y hacer cumplir, para beneficio de quienes hemos tenido el enorme privilegio de ser testigos presenciales de su invaluable e ilustre carrera en aras de la más total integridad. Hasta siempre, buen fin.

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