80 años de José de la Colina: “Planes no me faltan”


 
Cultura Lunes, 8 Septiembre, 2014 07:00 PM

Uno de los autores más prodigiosos que ha legado el exilio español en México es José de la Colina. Otros creadores desterrados por el franquismo nacidos en el filo de 1900, como Luis Buñuel (1900-1983), José Gaos (1900-1969), Pedro Garfias (1901-1967), Luis Cernuda (1902-1963), Max Aub (1903-1972), Juan Rejano (1903-1976), por citar solo algunos, llegaron a este país con una trayectoria; no obstante, entre los miles de niños con sus familias, De la Colina arribó en 1941, a los 7 años de edad, donde realizó sus primeros estudios, en el Colegio Madrid. Nacido en Santander, España, el 29 de marzo de 1934, el narrador lúdico y erudito ensayista ha colaborado desde La Cultura en México, México en la Cultura, Revista de la Universidad, Plural, Vuelta, Semanario Cultural de Novedades, hasta Letras Libres y Milenio, entre otros. Ha sido merecedor, entre otras distinciones, del Premio Nacional de Periodismo Cultural 1984, Premio Mazatlán 2002, Homenaje Nacional de Periodismo Cultural “Fernando Benítez” 2005, Medalla de Bellas Artes 2009 y Premio “Xavier Villaurrutia” de Escritores para Escritores para Obra Publicada 2013. Su obra narrativa se congrega en “Traer a Cuento” (FCE, 2004) y sus ensayos en “El Cine Italiano” (1962), “Miradas al Cine” (1972), “El Cine del ‘Indio’ Fernández” (1984), “Viajes Narrados” (1992), “Libertades Imaginarias” (2001), “Las Medias Fantasmas de Leda R” (2005) y “Personerío” (2005). “De libertades fantasmas o de la literatura como juego” (FCE, 2013), su libro más reciente, es una cátedra tan erudita como gozosa de cómo se narra un ensayo. Aunque ha habido algunas presentaciones de su título (como la sucedida en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara de 2013 con los comentarios de José Luis Martínez S.), éstas han transcurrido sin su presencia: “Tanto mi esposa como yo, que ya nos pasamos de ser mayores de edad, hemos tenido problemas de salud. Para ayudarnos solo, y particularmente en situaciones de emergencia, nos tenemos uno a otro. No puedo salir de la casa y dejar a mi esposa por más de cuatro horas al día, no digamos ya salir yo de la ciudad. ¿Suena a melodrama? Espero que no, el caso es que tal es la situación, que espero se resuelva pronto”, refirió generoso en entrevista para Semanario ZETA. – ¿En qué momento de su trayectoria considera que recibe Usted el Premio Xavier Villaurrutia? “Lo agradezco, aunque quizá me ha llegado un poco tarde. No culpo a nadie, quizá no lo merecía antes (¿y tal vez lo merezco ahora?). Pero me llega en el momento en que a mi esposa y a mí no nos mejorará mucho la vida, sino que solamente, y no es poco, nos ayudará a conservarnos en vida”. – ¿Cuáles son las imágenes, sueños o fantasmas, que recuerda de cuando era niño en España antes de que llegara a México y que fueron importantes en su formación como escritor? “De mis primeros tres años en España recuerdo muy poco, casi nada. Salimos mi madre, mi hermano y yo a Francia, mientras mi padre siguió en el frente, en el ejército republicano. A veces puede surgir algo que, como el bizcocho mojado en té del comienzo y el final del gran libro de Proust, puede provocar la memoria involuntaria, y eso no sucede en este momento. “De los comienzos del exilio de la familia recuerdo unos amigos belgas, me llevaron al cine, y que vi incompleta mi primera película: ‘King Kong’ de Schoedsack y Cooper, pues me puse a gritar en contra de que los aviones asesinaran al gorila gigante que me simpatizaba, y el público protestó y tuvimos que salir de la sala. “Otra vez, en la misma sala, vi gesticular en los noticiarios a Mussolini e Hitler, me dieron risa. ¿Año 38 o año 39? No sé. Esos recuerdos giran en torno al principio del exilio. A comienzos del 39 se encontró a mi padre, al que se daba por muerto, en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer o en el de Saint-Cyprien”. – ¿Qué memorias conserva de cuando su familia se estableció en México? “En realidad los Colina-Gurría llegamos a México en 1941, aunque en libros y en la Wikipedia se dice que en 1940. Salimos de Francia en el 38 y el 39 fuimos a Santo Domingo y La Habana, y finalmente vinimos a México a comienzos de 1941. ¿Una primera impresión de México? Quizá el descubrimiento del maravilloso (al menos entonces) pan dulce mexicano, tan distinto, aunque quizá derivado, del bizcocho europeo”. – ¿Qué ha significado para usted México? “Sin renegar en nada de mi breve pasado español-francés-belga-dominicano-cubano, ni de la generación de mis mayores del exilio, creo que desde los 7 años fui mexicanizándome. A final de cuentas podría decirse que soy apátrida, pero como escritor, soy mexicano. En México me formé literariamente, y para mí eso es lo esencial. En España, con el padre posiblemente fusilado o preso, con la represión y el duro régimen franquista, hubiera vivido marginal y humillado y no habría podido ser escritor. Desde luego, soy un fan de don Lázaro Cárdenas”. – ¿Cuáles fueron las lecturas que influyeron en José de la Colina cuando era niño? “El libro en que aprendí a leer, con mi padre enseñándome en Santo Domingo, fue ‘Platero y Yo’, y ésa desde luego fue mi primera influencia. En los primeros años cuarenta el autor que más leía fue Julio Verne y un poco menos la serie de Sandokan, de Salgari, y jugaba en soledad a ser Sandokan o el Capitán Nemo. Luego, Dumas (padre), Stevenson, y los cuadernos de La Sombra, de Pete Rice de la serie Hombres Audaces, de Argentina, y la revista Billiken, también de allí. Ah, y el Spirit de Will Eisner, editada en México en la revista Paquin”. – ¿Qué fue determinante para que se dedicara a la literatura? “No recuerdo ningún ‘factor determinante’, y dudo de que nadie lo recuerde precisamente. A los 6 años escribía mis cuentitos y novelitas (nunca acabados) imitando a Dumas, a Verne, a Stevenson. A los quince años hice una novelita ‘de niños’ imitando el Tom Sawyer y el Huckleberry Finn, y tampoco la terminé”. – ¿Qué puede decirnos de aquellas generaciones de escritores como Arreola a los que Usted conoció? “En los años cincuenta leí algunos escritores mexicanos, desde luego Rulfo y Arreola. Cuando tuve unos cuantos cuentos se los llevé a Arreola, que los publicó en la colección Los Presentes, con un dibujo de Gironella en la portada. Que otros digan el título del libro, yo no lo diré porque lo considero bobo y malo, pero, qué remedio, fue mi debut como escritor”. – ¿Cómo surgió la posibilidad de reunir y publicar los ensayos de “De libertades fantasmas o de la literatura como juego”? “Yo tenía el propósito de publicar un libro sobre la literatura llamada menor y la de juego y hasta de salón y nunca le entraba a la cosa, por causa del periodismo que siempre se vive de urgencia. Un día descubrí que en buena parte había ido escribiéndolo, como un no deliberado libro de ensayos dispersos en periódicos, suplementos, revistas. Así salió ‘Libertades Imaginarias’ en las Ediciones Aldus. “Luego, como ese libro apenas se distribuyó (aunque tuvo buena crítica) y como iban añadiéndose capítulos (que eran artículos) lo propuse al Fondo de Cultura Económica, y Díez-Canedo hijo me dijo que me lo publicaba siempre que le cambiara el título, pues no quería que el libro anterior ‘molestara’ la carrera del libro nuevo. Lo hice porque en realidad ‘De libertades fantasmas’ es en más de un 35 por ciento otro libro. Pero me gusta más el título anterior: ‘Libertades Imaginarias’”. – ¿En el libro están publicados los ensayos tal como se publicaron originalmente o fueron editados? “Muchos de ellos fueron algo modificados, no mucho. Ya te he contado cómo surgió el libro un poco al azar de artículos publicados aquí y allá. De verdad un día descubrí que ya lo tenía escrito, aunque un tanto fragmentario, en ‘Libertades Imaginarias’ (y el título provenía, según recuerdo, de una línea de poema de Louis Aragon, a saber cuál). Y no los ‘edité’, los fui sumando según el orden en que encontraba recortes de los artículos y algunos textos en Internet. Eso sí, decidí que el primero, en ‘Libertades Imaginarias’, debía ser el de los libros fantasmas, que acaso es el más lucidor porque con él he pecado de originalidad  ya que no sé qué exista algún texto sobre el tema que sea anterior al mío”. – ¿Cómo ha influido su vocación de cuentista a la hora de narrar un ensayo como los contenidos en “De libertades fantasmas o de la literatura como juego”? “Dices una aparente incorrección: ‘narrar un ensayo’, pero aplaudo la frase. Para mí toda la literatura es narración. Hasta el anuario telefónico lo es, solo que alucinantemente abunda en personajes y carece de acción (exposición, nudo, desenlace). Pero, si en algo tenemos que atenernos a diferencias genéricas, no creo que mis cuentos y mis dos o tres intentos de novela, obedezcan al mismo tipo de ‘inspiración’ que mis ensayos y artículos no específicamente narrativos. “Digamos que mientras en mis cuentos parto de una imagen o algunas imágenes que sugieren una ‘historia’, en los ensayos parto de una especie de deriva musical y de a ver qué sale. A final de cuentas (y de cuentos, y de ensayos) mientras escribo me siento como ‘llevado’ por una especie de música intuida, pero nada más verbal, ¡ay! Y yo quisiera haber sido músico de veras, ser Mozart”. – ¿Se plantea algún límite en la libertad de narrar? “Mi única limitación como articulista o ensayista -otra vez las etiquetas genéricas- es el espacio que se me asigna en periódicos, suplementos, revistas. Pero estoy mintiendo un poco: también sucede que rara vez un cuento me da más de ocho cuartillas. En ‘Traer a cuento’ hay uno, ‘El cisne de Umbría’ que casi es una novelita, que tal vez iba para novela, y a veces me reprocho no extenderlo a novela de entre ciento cincuenta  y seiscientas páginas. “Tengo escritos algunos capítulos, tengo más o menos imaginado el país (imaginario) y esbozos de trama y personajes… pero si algún día lo hago novela habrá sido matándome en el esfuerzo, porque no tengo, digamos, ‘voz de novelista’, ni tiempo tranquilo que me dejen los artículos”. – ¿Cuáles eran los fantasmas o sueños de José de la Colina de hace unos años y cuáles son actualmente, en 2014? “Cervantes, Fray Luis de Granada, Baudelaire, Stevenson,  Stendhal, Proust, Conrad, Faulkner, Pérez Galdós, Arreola, Laurence Sterne, Chesterton, Saroyan, Borges, Corpus Barga, en desorden y entre otros muchos que en distinto momento vendrían a mi mente, pero quizá los nombrados son los principales, permanecen en mí, los releo, los casi plagio a veces para iniciar un escrito mío. “En cine sigo fiel a Hawks, a Minnelli, a Bogart, a Cyd Charisse, a Mankiewicz, a Nicholas Ray, a King Kong (el de 1933), a ‘Cantando en la Lluvia’, a Fred Astaire y otros cineastas y películas. Me estoy alejando mucho de lo actual en las artes. ¿Esclerosis o arte de culto? No sé, y, la verdad, no me duele. Y no me niego a que de repente me agarre una maravilla, por ejemplo en cine: Blade Runner (que, sin embargo, ya tiene décadas pero es la última gran película norteamericana que me ‘impactó’ hasta el fondo del alma, digamos”. – En relación con el sexenio de Felipe Calderón, ¿cómo describe Usted la realidad actual de México a propósito de la violencia, inseguridad, ejecuciones, secuestros que continúan en el sexenio de Enrique Peña Nieto? “Yo quiero a México, soy de México -si no nacido en-, y por tanto me duele la sensación de que -como toda la América Latina, quizá como todos los países-, ha comenzado a sufrir de parálisis, a ser un gran fracaso. En el caso de México hay muchas causas, desde luego, pero temo que la principal, la originadora, y me extraña que casi nunca se hable de ella, es la sobrepoblación. Nacen muchas criaturas destinadas a ser parias por el permanente subdesarrollo”.  – Platíquenos sobre sus próximos libros… “Todos mis libros se han ido haciendo solos, según han ido escribiéndose y publicándose de artículo en artículo, de ensayo en ensayo, de cuento en cuento, y es que soy periodista para bien y para mal. Pero voy ‘planeando’ una crónica sobre mi gente (familia y amigos) del exilio y la novela tan tejida y destejida a lo largo de décadas: ‘Los señores de Tintinzán’. “Y unas memorias, quizá, y no nada más autobiográficas; y un segundo ‘Personerío’ como el que dediqué a autores mexicanos y ahora de autores de cualquier parte, a los que quiero y quizá algunos a los que detesto. Planes no me faltan, sigo soñándolos, siguen suplicándome y supliciándome”. – Algo que desee agregar… “Tengo 80 años, son demasiados, pero no quiero morir. Y creo, o siento, ¿o planeo?,  que mientras haya un artículo o cuento o ensayo que escribir y publicar, iré retrasando la hora maldita”.

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