Cineasta de los marginados

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Espectáculoz Viernes, 7 febrero, 2014 07:30 PM

En los últimos años, el cine de no ficción ha cambiado significativamente en el panorama nacional, poniendo la balanza a favor de los creadores y público. Sin embargo, aunque el avance es de reconocerse, para el cineasta Everardo González, el recorrido apenas representa el inicio de un esfuerzo mayor. Involucrado en el cine desde mediados de los 90s, ha rebasado los límites del reconocimiento en México, gracias a su forma de documentar la realidad. Tiene estudios en Comunicación Social y cine por parte del Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) y también es productor.  Ha dirigido trabajos como “La Canción del Pulque” (2003), “Jalisco es México” (2006), “Los Ladrones Viejos” (2007) y el multi-premiado documental “Cuates de Australia”, donde la historia de un árido pueblo de Coahuila, nos acercó con singular belleza visual a las condiciones precarias de la gente por conseguir agua. Pero ni las menciones honorificas, premios o la proyección de su trabajo en otros países, lo hace desviarse del compromiso que tiene con la gente a la que filma y sus colegas. “Siempre ha habido un grupo más o menos sólido de gente que busca encontrar mejores condiciones de trabajo para los que hacemos cine documental. Me refiero a la distribución, exhibición y las posibilidades de producción. Después de haber cerrado como un capítulo que tenía que ver con eso, decidimos que hace falta hacer una revisión a la ley mexicana de cinematografía. Sentimos que está muy obsoleta la ley audiovisual, porque también hay que cambiar un poco esa idea de que es solo lo cinematográfico”, declaró Everardo González en entrevista con ZETA, sobre la iniciativa que desde el año pasado trabaja al lado de otros cineastas como Emiliano Altuna, Martha Sosa y Lucía Gajá. Sin saber con exactitud el cauce que tomará el plan, puesto que dentro del grupo de involucrados un segmento trabaja por lograr acercamiento con instancias culturales, la agenda de González apunta a “qué se puede considerar para el derecho a la información, y cuándo (aplica) el derecho a la privacidad. Cómo de alguna manera (se puede) proteger al documentalista para que pueda gozar también del derecho a la libertad de expresión. Cómo incrementar los porcentajes de programación del trabajo audiovisual mexicano en los canales de televisión. Cómo buscar que esa oferta sea producida por productores independientes y no precisamente por la gente de las televisoras, para mejorar las condiciones de competencia de los cineastas frente a la industria y frente a los mercados. Y cómo encontrar una excepción al documental como un bien cultural, intangible, como una herramienta de preservación de la memoria y de formación de la identidad”. Este último punto con la finalidad de insertarlo más a las bellas artes que al periodismo o ciencias sociales. Creyendo que la gente no se ha despojado del todo de la etiqueta de “aburrido” para describir al cine documental, González reconoce que las nuevas generaciones son un mejor público para verlo, aunque no deja de ser uno con características muy específicas. Entre éstas, señala que ahora son personas menores de 30 años.   Espacios públicos para el cine Las cifras más recientes del Área de Investigación Estratégica, Análisis y Prospectiva, del Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE), correspondientes a la evaluación global de 2012, no contemplaron en categorías precisas al cine documental, salvo para distinguir once premios recabados entre diferentes producciones. No obstante, en el resumen de 2013, a publicarse en los próximos meses, ésta deberá darle mayor espacio al diagnóstico de crecimiento que tuvo lo no ficcionado, ya que en un adelanto general, el Instituto dio a conocer que “el cine documental vivió uno de sus mejores años en cuanto a premiaciones se refiere, y es que tras el incremento de producciones de este género (24 por ciento del total de las películas en 2013), el número de reconocimientos en el mundo también creció”. A pesar de una sobreproducción documental, como González la describe por el auge de nuevas tecnologías que están a mayor alcance, recalca que no todo lo hecho merece tener difusión  masiva. De ahí que inste a evaluar la relevancia del documental y encontrar los espacios adecuados para que se exhiba. “Mucho depende de para quién se quiere hacer el cine. Yo soy del tipo que quisiera hacerlo para el grupo de gente que regularmente retrato, y el grupo que yo retrato no es el de las cinetecas o cine clubes, por eso mi necedad. Si yo voy a hacer retratos sobre la vida de los marginados, no voy a buscar nada más esas puertas. Me parece relevante, pero hay que pelear por los otros también, porque además, esos espacios están generando más identidad de la que nosotros estamos generando”, declaró el ganador en 2012 a Mejor Documental del Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), por “Cuates de Australia”. En la premisa que la televisión es más educadora que las aulas, el director ve en ese espacio una oportunidad de cambiar los contenidos, aunque el trabajo por lograrlo sea arduo y se vislumbre poco favorecedor. E insiste: “No creo que debamos bajar la guardia, porque entonces… ah chingá, no legislemos, no busquemos competencia justa”.   Administración nueva, mismos pendientes Contrario a la idea que ante el cambio de poder los acercamientos con las instituciones comienzan de cero, Everardo González asegura que el particular con IMCINE es “mucho más sólido” al que hubo antes. Ante ello, y el inicio de Jorge Sánchez al frente del Instituto, dijo: “Yo pienso que sí (inicia bien), pero Jorge también está ante un sistema, y a veces las voluntades no bastan. Jorge está ante un Instituto que depende de la Secretaría de Educación Pública, el mejor logro sería separarlo de la Secretaría y acercarlo más a un ministerio de cultura, porque los funcionarios en turno se enfrentan a un sistema que a veces, es como un tren lento”. Destacando la trayectoria en cine que ha logrado Sánchez, Everardo González reconoce en él la ventaja de ser un hombre con relación cercana al celuloide y, ante todo, un latinoamericanista, que conoce el rubro y ha ayudado a formarlo. Factor que se ha traducido en mayor voluntad de escuchar las necesidades y ver qué mejorar: “El arte no va a estar desvinculado de la política. Creo que es momento de que la gente que se dedica al arte, forme parte activa de los procesos de trasformación. Dejarlo en las manos de las comisiones de cultura, no solo es dejarlo en manos de la incompetencia, sino del volumen de trabajo que puedan tener. Si los grupos no somos capaces de empujar nuestras propias necesidades o de resolverlas, nadie va a legislarlas”. Aunado al incremento en producción, el creador de “La Canción del Pulque” (2003) considera que la calidad del documental ha crecido, así como las capacidades de expresión y narración. Cualidades que en lo internacional ya se reconocen, pero que en México siguen sin tener la resonancia que deberían. “Queremos que ese eco también suene aquí, que nuestro trabajo sea apreciado como parte de los creadores de cine en este país, porque es un momento importante en la historia del cine documental”, expresó.    Las realidades de Everardo Necedad es la palabra que describe a Everardo González y su cine. Lo acepta y hace hincapié en que es necesaria para no desertar. Cree que pertenece a un “gremio poderoso” obligado a hacer presión política para transformar las condiciones del quehacer, con todo y que a veces se muestran abstraídos en pensamiento. Sin embargo, esas características, la experiencia y reconocimiento, no lo ayudan cuando se trata de ser aprensivo con los temas que elige para documentar, según añade: “Claro que hacen daño, pero es parte del oficio. Todo mundo sale con estrés post traumático, pero eso no tiene  que ver con que no me interesen otros temas. Es que hay algo en esos que me siguen llamando y no tiene que ver ni con una militancia, o lo que crea que vende o porque eso es lo que queremos ver, porque no; creo que no es lo que queremos ver, pero hay algo de eso que me llama”. En esa idea de seleccionar historias por “algo intuitivo o de olfato, más que tan pensado”, actualmente Everardo busca financiamiento para su siguiente largometraje que, por dichas razones, no tiene siquiera nombre tentativo: “Estoy trabajando con reporteros que tienen asilo político en Texas. No son los periodistas propiamente, son los reporteros de calle que sin darse mucha cuenta se equivocan, pero sus errores les cuestan muy caros. La gente de las bases, la gente que escribe a merced incluso de las decisiones editoriales, esos son los temas que me interesan. La gente más frágil, los eslabones más frágiles de nuestra cadena social”. — Para eso también hay que ser sensible, frágil… “Sí, mucho, todos (lo somos), nadie es necesario aquí. (En mi carrera) Se va consolidando algo, sí, pero no quiero pecar de soberbio porque mañana llega el nuevo”, concluyó González.   

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